No es un juego
No es un juego, aunque
parezca. Aunque encarnemos disfraces, aunque olvidemos quiénes somos, aunque el
dolor se repita como escena. No es un juego, aunque haya máscaras, aunque haya
roles, aunque haya escenarios que cambian y cuerpos que se desgastan. No es un
juego, aunque la risa nos salve y el absurdo nos acompañe.
Es un mapa. Un mapa invisible,
trazado por la conciencia que elige. Cada experiencia es una coordenada. Cada
emoción, una criatura. Cada acto, una señal. No hay caminos rectos. No hay
brújulas externas. Solo indicios. Solo vibraciones. Solo intuiciones que nos
susurran desde adentro.
No es un juego, aunque lo
juguemos. Es un ritual. Es una danza. Es una travesía que nos lleva de la
sombra a la luz, del olvido al recuerdo, del juicio a la comprensión. Es el
viaje de la partícula que quiere volver a la fuente, pero más sabia, más completa,
más despierta.
Y vos, que estás leyendo
este mapa, sabés que no es un juego. Porque algo en vos tiembla. Porque algo en
vos recuerda. Porque algo en vos elige.

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