El observatorio de las
señales que no se entendieron
No hay telescopios. No hay
radares. No hay algoritmos. Este observatorio no busca detectar: busca
recordar. No analiza: contempla. No corrige: honra.
Aquí se conservan las señales
que fueron enviadas con amor, con urgencia, con verdad… pero que no fueron
comprendidas. Un gesto que no fue visto.
Una frase que no fue
escuchada. Una presencia que no fue valorada. Una ausencia que no fue leída.
No hay juicio en este
lugar. Hay reconocimiento. Porque cada señal, aunque no haya sido entendida,
dejó una vibración. Y esa vibración sigue viva. Sigue disponible. Sigue
esperando.
El observatorio no busca
que el alma se arrepienta. Busca que el alma se afine. Que pueda volver a
mirar. Que pueda volver a escuchar. Que pueda volver a sentir.
Y cuando el alma entra en
este observatorio, algo se aclara. Algo se ordena. Algo se libera. Porque
entender una señal tardíamente también es despertar. También es vibrar. También
es elegir.
Este lugar no está lleno
de errores. Está lleno de oportunidades. Y cada señal que no fue entendida a
tiempo puede convertirse en brújula, si el alma está dispuesta.

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