El escriba que olvidó
el temblor
(Inspirado en Yuval Noah Harari)
El escriba sabía todo. Sabía
cuándo nació el fuego, cuándo se domesticó el alma, cuándo el algoritmo empezó
a escribir cuentos. Sabía que los humanos eran hackeables, que la historia ya
no la escribían los poetas, sino los datos. Sabía que la conciencia era un
error romántico, y que el futuro no necesitaba temblor.
El escriba hablaba en
foros dorados, rodeado de banqueros, tecnócratas y profetas del control. Decía
que el alma era obsoleta. Que el amor no era más que una reacción química. Que
la libertad era una ilusión útil.
Pero un día, en un barrio
sin Wi-Fi, una niña le regaló un dibujo. Era un corazón con alas. El escriba lo
miró. No tenía código. No tenía metadatos. No tenía utilidad.
Y por primera vez, no supo
qué decir.
El dibujo lo persiguió. Lo
vio en sueños. Lo vio en pantallas. Lo vio en los ojos de los que aún tenían
alma.
Y el escriba, que sabía todo, empezó a temblar
Advierte sobre la creación de una “clase inútil” (personas desplazadas del mercado laboral) y la crisis de sentido que esto puede generar. Técnico, económico, centrado en estadísticas y estrategias de empresas. Y niño mimado de los que quieren dominar el mundo

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