El escriba que quiere reescribir el pensamiento
(Inspirado en Rafael
Yuste)
El escriba no usaba tinta,
usaba impulsos, no escribía palabras, escribía códigos, no escuchaba ideas, las
decodificaba, decía que quería proteger la mente, pero cada protección venía
con una puerta, cada puerta con un sensor, cada sensor con una cláusula,
hablaba de derechos como quien habla de permisos, de conciencia como quien
habla de acceso, de pensamiento como quien habla de propiedad, no temblaba, no
lloraba, no recordaba, solo conectaba, traducía, intervenía, pero en un rincón
del mundo una mujer pensó sin algoritmo, soñó sin interfaz, amó sin permiso, le
cantó a su hijo una canción que no estaba en ningún protocolo, lo sostuvo con
lo que era, el escriba lo vio, no entendió, no pudo leerla, no pudo mapearla, no
pudo convertirla en dato, y por primera vez, el pensamiento tembló.

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