Cuento III: La reina
que no soñaba
(Inspirado en la
dinastía Windsor)
La reina vivía en un
palacio sin ventanas. Los muros eran gruesos, hechos de silencio, de protocolo,
de siglos sin temblor. Decía que los sueños eran peligrosos. Que Diana había
soñado demasiado. Que el amor era una debilidad. Que la ternura desestabilizaba
imperios.
La reina no lloraba. No
reía. No recordaba. Solo sostenía el cetro, como si fuera un contrato. Como si
el linaje fuera una empresa. Como si el alma fuera una amenaza.
Pero en el barrio, una
mujer soñó. Soñó con justicia. Soñó con abrazos sin permiso. Soñó con una niña
que corría libre por los pasillos del palacio, descalza, cantando.
El sueño se volvió
canción. La canción cruzó muros. Entró por las grietas. Vibró en los espejos. Y
la reina, por primera vez, sintió miedo.
Porque no hay protocolo
que detenga el temblor.
Ni corona que apague el
canto.

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