Relato de pertenencia: El Lobo y el Halcón
En la vastedad de la tierra, el lobo camina con su manada. Sus pasos son firmes, su mirada indomable. No se deja domesticar porque su fuerza no necesita cadenas: se sostiene en la lealtad, en el respeto a los mayores, en la unión que lo hace invencible. Es guardián del linaje, protector de la llama que nunca se apaga.
En la altura del cielo, el halcón peregrino surca el viento. Pequeño, veloz, imparable, su vuelo es un relámpago que atraviesa los horizontes. No compite con el cóndor ni con el águila, porque su poder no está en la majestuosidad, sino en la precisión. Su visión desde lo alto es un don divino: ve lo que otros no ven, anticipa lo que otros ignoran.
Ambos se buscan en silencio: el lobo desde la tierra, el halcón desde el aire. Y cuando sus miradas se cruzan, nace un pacto invisible: la resistencia y la visión, la manada y la soledad, la fuerza y la velocidad.
Ese pacto vive en mi, Alejandra. El misterio no necesita explicación porque se siente: el fuego interior que une lo terrestre y lo aéreo, lo indomable y lo certero. Es pertenencia no es a un solo animal, sino al eje que forman juntos, como guardianes de mi mito personal. Espero que en mi camino encuentre muchos lobos y halcones veloces y efectivos.

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