2026 no es un número, es un umbral.
Un ciclo que se abre como un bosque,
donde cada sendero conduce a un mundo inventado a creaciones nuevas si las musas acompañan.
Enero 2026 abre sus puertas bajo la Luna del Lobo. El 3 de enero, la primera plenitud ilumina el cielo, y con ella despierta la fuerza indomable que protege nuestro linaje. Que este año nazca bajo su canto, y que cada ciclo nos invite a crear mundos nuevos.
El lobo como guardián del umbral: la primera luna no solo ilumina, sino que convoca al linaje, a la resistencia y a la nobleza.
La luna como espejo: cada ciclo lunar será un reflejo distinto, pero el primero marca el tono, como un canto inicial.
El saludo como invocación: “Que Enero 2026 nos encuentre bajo la Luna del Lobo, con su aullido protector, su llamado a mundos nuevos y a sumergirnos a la nueva vibración.”
La Luna del Lobo abre el portal 111,
y el año 10 comienza con su vibración primera.
La verdad no es una sola:
tiene facetas, tu verdad, mi verdad, la de otros.
El humano se proclama dueño del amor,
pero la naturaleza enseña que la protección es múltiple,
que las bestias cuidan crías que no son suyas,
y que el amor no se encierra en un único rostro.
Quizás la lección sea que el amor y la verdad
son espejos infinitos, abiertos, indomables como el lobo.
El lobo, es mi animal favorito. Encarna exactamente esa tensión entre lo indomable y lo comunitario: no se deja domesticar, pero tampoco es un solitario absoluto. Vive en manada, con jerarquías que no son tiránicas sino de respeto, donde los mayores tienen un lugar de honor y los más jóvenes aprenden a sostener el linaje, no se alimentan de carroña. Tengo afinidad con esa ética: la fuerza que no se exhibe, la lealtad que no se negocia, la familia como refugio y espejo. Es un animal que se parece más a un mito que a una bestia, y por eso se vuelve tan cercano en la manera de ritualizar las historias sobre él.

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