El Manifiesto Venezuela es un espejo
Muestra cómo los patrones
de saqueo y manipulación se han repetido desde la Edad Media hasta Oriente
Medio, y cómo hoy amenazan a Hispanoamérica.
No busca enemigos, busca despertar conciencias.
No llama a las armas,
llama a la memoria.
No divide, conecta.
Este texto es un grito de
alerta, un llamado a la reflexión,
para que los pueblos no
entreguen su energía al caos
y puedan reconocer las
máscaras del poder antes de que sea demasiado tarde.
“Este manifiesto no
busca destruir, busca despertar.”
Prólogo
La historia no avanza en
línea recta: gira como la rueda del hámster, repitiendo sus ciclos de codicia y
caos. Lo que hoy vemos en Venezuela no es nuevo.
Es un eco de lo que ya
sucedió en Francia cuando Felipe el Hermoso destruyó a los templarios para
borrar sus deudas; es el mismo guion que se desplegó en Irak con armas
inventadas, en Libia con demonios fabricados, en Afganistán con terrores
amplificados.
Siglo tras siglo, los
poderosos han disfrazado el saqueo con palabras de justicia, han ocultado la
codicia bajo el manto de la liberación. Las comisiones, los organismos, los
discursos oficiales: todos repiten la misma máscara.
Y mientras tanto, los
pueblos —corderos inocentes— son entregados al sacrificio, vigilados por perros
ladradores que cuidan el corral, acechados por lobos que devoran en nombre del
orden.
Hoy el mundo se despertó
con “ Venezuela libre”
Este relato
no busca inventar profecías, sino recordar que la memoria es la única defensa.
Lo que hoy ocurre en Venezuela es parte de una cadena que viene de lejos, y
solo al conectar las piezas podremos romper el ciclo.
La historia
no es un río que avanza, es un círculo de fuego que se repite.
Desde los
templarios quemados en la hoguera para borrar deudas, hasta las guerras del Oriente
Medio disfrazadas de liberación, el guion es siempre el mismo: codicia, caos y
mentira.
Hoy,
Venezuela se encuentra atrapada en esa rueda del hámster que gira sin descanso.
Los medios hegemónicos repiten un relato uniforme, sin memoria, sin conexión,
entrevistando corderos ingenuos mientras los lobos acechan y los perros
ladradores cuidan el corral. Pero detrás de cada palabra oficial, detrás de
cada comisión que promete investigar, se esconde la misma verdad: el saqueo
disfrazado de justicia.
No se trata
de profecías, se trata de memoria.
Lo que
ocurrió en Irak con armas inventadas, en Libia con demonios fabricados, en
Afganistán con terrores amplificados, hoy amenaza repetirse en Caracas. El
sistema necesita que olvidemos, que entreguemos nuestra energía en estadios
llenos, en pantallas encendidas, en discursos vacíos.
Pero hay
quienes intuyen, quienes recuerdan, quienes se niegan a entregar su fuerza.
Este relato
nace de esa intuición y de esa memoria ancestral. Nace para accionar, para
romper el ciclo, para nombrar lo que otros callan.
Porque
conectarse es vital para sobrevivir.
Porque la
verdad no está en las comisiones ni en los organismos, sino en la memoria que
resiste y en la intuición que ve más allá.
Porque lo
que ocurre en Venezuela está lejos de ser bueno, y solo al despertar podremos
impedir que el círculo de fuego vuelva a devorarnos.
Inciso: El lenguaje del invasor No habíamos
escuchado aún el discurso del invasor, y cuando lo hizo, su voz sonó como
sentencia: "Vamos a manejar a Venezuela mientras se calman las
aguas." ¿Manejar? Ese verbo no es ayuda, es dominio.
No es
respeto, es apropiación. Es tratar a un país soberano como si fuera un objeto,
una propiedad inmobiliaria, un negocio más. Y detrás de esas palabras, la
sombra de las armas: el recordatorio de que poseen la fuerza para borrar a
Hispanoamérica si así lo desean, como ya borraron pueblos en Oriente Medio.
Este inciso
no es paranoia, es memoria. Es la advertencia de que el lenguaje nunca es
inocente, y que cada palabra del invasor lleva consigo la amenaza del saqueo.
Sección
Histórica Comparada
La memoria
nos recuerda que lo que hoy amenaza a Venezuela no es nuevo.
Es un guion
repetido, disfrazado de justicia, ejecutado con codicia.
Los
Templarios
En la Edad
Media, Felipe el Hermoso destruyó a los templarios.
No fue por
fe ni por justicia, sino para borrar sus deudas y apropiarse de sus riquezas.
Se los
demonizó, se los acusó de herejía, y se los quemó en la hoguera.
El relato
oficial ocultó la verdad: el poder necesitaba eliminar a quienes le
incomodaban.
Oriente
Medio
Siglos
después, el mismo guion se desplegó en Irak, Libia y Afganistán.
En Irak, se inventaron armas de
destrucción masiva para justificar la invasión.
En Libia, se fabricó la imagen de un
demonio para legitimar el saqueo.
En Afganistán, se amplificaron terrores
para mantener la ocupación.
En cada
caso, los pueblos fueron sacrificados como corderos, mientras los lobos
devoraban recursos y los perros ladradores repetían el relato oficial.
Argentina
Más cerca en
nuestra memoria, los atentados y las comisiones que nunca resolvieron nada.
Se prometió
justicia, se repitieron discursos, pero detrás de cada comisión estaba el mismo
vacío.
El relato
oficial volvió a ocultar la verdad, y el pueblo quedó atrapado en la rueda del
hámster.
Venezuela: El guion
vuelve a encenderse
Hoy,
el círculo de fuego arde en Caracas. El mismo patrón que quemó templarios, que
arrasó Irak, que desmembró Libia, que ocupó Afganistán, ahora se posa sobre
Venezuela.
Los
medios hegemónicos repiten un relato uniforme: hablan de caos, de crisis,
de
necesidad de orden.
Entrevistan
corderos ingenuos, mientras los lobos acechan y los perros ladradores cuidan el
corral del invasor.
El
discurso extranjero ya lo dijo:
“Vamos
a manejar a Venezuela mientras se calman las aguas.”
Ese
verbo —manejar— no es ayuda, es sometimiento.
Es
tratar a un pueblo soberano como mercancía,
como
un negocio más en el tablero de la codicia.
Detrás
de esas palabras se esconde la amenaza latente:
las
armas que podrían borrar a Hispanoamérica entera,
como
ya borraron pueblos en Oriente Medio.
Pero
Venezuela, aun con Maduro en el poder,
es
soberana y democrática de facto.
Su
pueblo no es un objeto, no es un territorio administrable,
es
un linaje que resiste, una memoria que no se entrega.
Este
manifiesto no busca destruir, busca despertar.
Es
un grito para que los corderos abran los ojos,
para
que la memoria se encienda y la intuición accione,
antes
de que el círculo de fuego vuelva a devorarnos.
Cierre Ritual: La Faceta Luminosa
Este
manifiesto no nace del odio,
sino
de la memoria que ilumina.
No
busca arrasar, busca encender.
No
llama a la guerra, llama a la conciencia.
Somos
lobo que protege,
halcón
que guía,
cordero
que resiste en silencio.
Nuestra
verdad no es sombra, es claridad.
Nuestra
fuerza no es violencia, es despertar.
Nuestra
faceta luminosa es la que recuerda,
la
que conecta,
la
que se niega a entregar su energía al caos.
Que
este fuego no devore, sino ilumine.
Que
este grito no destruya, sino despierte.
Que
este manifiesto sea semilla de conciencia,
para
que los pueblos reconozcan las máscaras del poder
y elijan la vida, la memoria y la luz
"Todos somos hermanos separados por fronteras invisibles, estos sucesos pueden causarnos a todos un enorme dolor"

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