sábado, 3 de enero de 2026

Cuesta mantenerse al margen de los sucesos mundiales y mantenerme en silencio sin expresarme. Pense mucho si compartir este manifiesto que llama a hermanarnos no a ser enemigosy evitar crear nuevas guerras

 

 El Manifiesto Venezuela es un espejo

 

Muestra cómo los patrones de saqueo y manipulación se han repetido desde la Edad Media hasta Oriente Medio, y cómo hoy amenazan a Hispanoamérica.

No busca enemigos, busca despertar conciencias.

No llama a las armas, llama a la memoria.

No divide, conecta.

 

Este texto es un grito de alerta, un llamado a la reflexión,

para que los pueblos no entreguen su energía al caos

y puedan reconocer las máscaras del poder antes de que sea demasiado tarde.

 

“Este manifiesto no busca destruir, busca despertar.”

 

Prólogo

 

La historia no avanza en línea recta: gira como la rueda del hámster, repitiendo sus ciclos de codicia y caos. Lo que hoy vemos en Venezuela no es nuevo.

 

Es un eco de lo que ya sucedió en Francia cuando Felipe el Hermoso destruyó a los templarios para borrar sus deudas; es el mismo guion que se desplegó en Irak con armas inventadas, en Libia con demonios fabricados, en Afganistán con terrores amplificados.

 

Siglo tras siglo, los poderosos han disfrazado el saqueo con palabras de justicia, han ocultado la codicia bajo el manto de la liberación. Las comisiones, los organismos, los discursos oficiales: todos repiten la misma máscara.

 

Y mientras tanto, los pueblos —corderos inocentes— son entregados al sacrificio, vigilados por perros ladradores que cuidan el corral, acechados por lobos que devoran en nombre del orden.

 

Hoy el mundo se despertó con “ Venezuela libre”

 

Este relato no busca inventar profecías, sino recordar que la memoria es la única defensa. Lo que hoy ocurre en Venezuela es parte de una cadena que viene de lejos, y solo al conectar las piezas podremos romper el ciclo.

La historia no es un río que avanza, es un círculo de fuego que se repite.

Desde los templarios quemados en la hoguera para borrar deudas, hasta las guerras del Oriente Medio disfrazadas de liberación, el guion es siempre el mismo: codicia, caos y mentira.

Hoy, Venezuela se encuentra atrapada en esa rueda del hámster que gira sin descanso. Los medios hegemónicos repiten un relato uniforme, sin memoria, sin conexión, entrevistando corderos ingenuos mientras los lobos acechan y los perros ladradores cuidan el corral. Pero detrás de cada palabra oficial, detrás de cada comisión que promete investigar, se esconde la misma verdad: el saqueo disfrazado de justicia.

No se trata de profecías, se trata de memoria.

Lo que ocurrió en Irak con armas inventadas, en Libia con demonios fabricados, en Afganistán con terrores amplificados, hoy amenaza repetirse en Caracas. El sistema necesita que olvidemos, que entreguemos nuestra energía en estadios llenos, en pantallas encendidas, en discursos vacíos.

Pero hay quienes intuyen, quienes recuerdan, quienes se niegan a entregar su fuerza.

Este relato nace de esa intuición y de esa memoria ancestral. Nace para accionar, para romper el ciclo, para nombrar lo que otros callan.

Porque conectarse es vital para sobrevivir.

Porque la verdad no está en las comisiones ni en los organismos, sino en la memoria que resiste y en la intuición que ve más allá.

Porque lo que ocurre en Venezuela está lejos de ser bueno, y solo al despertar podremos impedir que el círculo de fuego vuelva a devorarnos.

Inciso: El lenguaje del invasor No habíamos escuchado aún el discurso del invasor, y cuando lo hizo, su voz sonó como sentencia: "Vamos a manejar a Venezuela mientras se calman las aguas." ¿Manejar? Ese verbo no es ayuda, es dominio.

No es respeto, es apropiación. Es tratar a un país soberano como si fuera un objeto, una propiedad inmobiliaria, un negocio más. Y detrás de esas palabras, la sombra de las armas: el recordatorio de que poseen la fuerza para borrar a Hispanoamérica si así lo desean, como ya borraron pueblos en Oriente Medio.

Este inciso no es paranoia, es memoria. Es la advertencia de que el lenguaje nunca es inocente, y que cada palabra del invasor lleva consigo la amenaza del saqueo.


Sección Histórica Comparada


La memoria nos recuerda que lo que hoy amenaza a Venezuela no es nuevo.

Es un guion repetido, disfrazado de justicia, ejecutado con codicia.


Los Templarios


En la Edad Media, Felipe el Hermoso destruyó a los templarios.

No fue por fe ni por justicia, sino para borrar sus deudas y apropiarse de sus riquezas.

Se los demonizó, se los acusó de herejía, y se los quemó en la hoguera.

El relato oficial ocultó la verdad: el poder necesitaba eliminar a quienes le incomodaban.


Oriente Medio


Siglos después, el mismo guion se desplegó en Irak, Libia y Afganistán.

En Irak, se inventaron armas de destrucción masiva para justificar la invasión.

En Libia, se fabricó la imagen de un demonio para legitimar el saqueo.

En Afganistán, se amplificaron terrores para mantener la ocupación.

En cada caso, los pueblos fueron sacrificados como corderos, mientras los lobos devoraban recursos y los perros ladradores repetían el relato oficial.


Argentina


Más cerca en nuestra memoria, los atentados y las comisiones que nunca resolvieron nada.

Se prometió justicia, se repitieron discursos, pero detrás de cada comisión estaba el mismo vacío.

El relato oficial volvió a ocultar la verdad, y el pueblo quedó atrapado en la rueda del hámster.


Venezuela: El guion vuelve a encenderse

 

Hoy, el círculo de fuego arde en Caracas. El mismo patrón que quemó templarios, que arrasó Irak, que desmembró Libia, que ocupó Afganistán, ahora se posa sobre Venezuela.

 

Los medios hegemónicos repiten un relato uniforme: hablan de caos, de crisis,

de necesidad de orden.

Entrevistan corderos ingenuos, mientras los lobos acechan y los perros ladradores cuidan el corral del invasor.

 

El discurso extranjero ya lo dijo:

“Vamos a manejar a Venezuela mientras se calman las aguas.”

Ese verbo —manejar— no es ayuda, es sometimiento.

Es tratar a un pueblo soberano como mercancía,

como un negocio más en el tablero de la codicia.

 

Detrás de esas palabras se esconde la amenaza latente:

las armas que podrían borrar a Hispanoamérica entera,

como ya borraron pueblos en Oriente Medio.

Pero Venezuela, aun con Maduro en el poder,

es soberana y democrática de facto.

 

Su pueblo no es un objeto, no es un territorio administrable,

es un linaje que resiste, una memoria que no se entrega.

Este manifiesto no busca destruir, busca despertar.

 

Es un grito para que los corderos abran los ojos,

para que la memoria se encienda y la intuición accione,

antes de que el círculo de fuego vuelva a devorarnos.

 

Cierre Ritual: La Faceta Luminosa

 

Este manifiesto no nace del odio,

sino de la memoria que ilumina.

No busca arrasar, busca encender.

No llama a la guerra, llama a la conciencia.

 

Somos lobo que protege,

halcón que guía,

cordero que resiste en silencio.

 

Nuestra verdad no es sombra, es claridad.

Nuestra fuerza no es violencia, es despertar.

Nuestra faceta luminosa es la que recuerda,

la que conecta,

la que se niega a entregar su energía al caos.

 

Que este fuego no devore, sino ilumine.

Que este grito no destruya, sino despierte.

Que este manifiesto sea semilla de conciencia,

para que los pueblos reconozcan las máscaras del poder

y elijan la vida, la memoria y la luz



"Todos somos hermanos separados por fronteras invisibles, estos sucesos pueden causarnos a todos un enorme dolor"

No hay comentarios:

Publicar un comentario