viernes, 16 de enero de 2026

El banquero que quiso comprar el tiempo (Inspirado en la figura Rothschild)

 


El banquero que quiso comprar el tiempo

(Inspirado en la figura Rothschild)

 

El banquero no tenía rostro. Solo relojes. Miles de relojes que no marcaban la hora, sino la deuda. Cada vez que un niño nacía, el banquero le asignaba un reloj invisible. Y cada vez que una madre lloraba, él ajustaba la tasa. No hablaba. Sus palabras eran cláusulas. Sus abrazos, embargos. Su ternura, intereses compuestos.

 

El banquero no dormía. Soñaba con comprar el tiempo. Con patentar el aire. Con alquilar la lluvia. Con cobrar por cada latido.

 

Pero un día, en un barrio sin bancos, una mujer encendió una vela. No tenía oro, pero tenía memoria. No tenía acciones, pero tenía canto. No tenía poder, pero tenía un hijo que aún soñaba.

Y cuando el niño rió, el reloj se detuvo. Y cuando la madre lo abrazó, el sistema colapsó. Porque el banquero no entendía el amor sin deuda. Ni el tiempo sin precio. Ni la vida sin contrato.

 

Y así, el banquero se volvió polvo. Y el barrio, canción.

 


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