Bill Gates
El filántropo que quiso
comprar el alma o El sembrador de cláusulas
El filántropo no tocaba el
dinero. Lo distribuía. Lo sembraba. Lo convertía en vacunas, semillas,
algoritmos, predicciones. Decía que quería salvar al mundo. Pero cada gesto
venía con una cláusula. Cada donación con un mapa.
Cada ayuda con un código.
El filántropo no lloraba.
No temblaba. No recordaba. Solo proyectaba. El futuro era suyo. El clima, suyo.
La salud, suya. El hambre, suya. La educación, suya. El alma, en proceso de adquisición.
Pero en un barrio sin
fundaciones, una madre curó a su hijo con sopa, abrazo y canción. Y el niño,
sin chip, sin app, sin protocolo, sanó.
El filántropo lo vio. No
entendió. No pudo medirlo. No pudo replicarlo. No pudo monetizarlo.
Y por primera vez, sintió
que algo se le escapaba.

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