miércoles, 29 de abril de 2026

Cristina, tu memoria sigue encendida en mi. Gracias

 


A Cristina Siri – En tu sagrada memoria

Un 29 de abril emprendiste tu último vuelo.

 

Esa madrugada me regalaste tu despedida: un sueño lúcido, tu voz serena, tu sonrisa suspendida en la oscuridad. Fue tu última lección: enseñarme a elegir, a confiar, a seguir.

 

Desde entonces, cada vez que escribo, cada vez que leo entre líneas, estás conmigo. Tu legado no está en diplomas ni manuales, sino en la forma en que me enseñaste a mirar el mundo con ojos de poeta, a encontrar lo sagrado en lo cotidiano.

 

Elegí el ángel rosado: la ternura, la intuición, la entrega. Y entendí que tu partida no fue fin, sino consagración. Tu ausencia se volvió presencia, tu silencio palabra, tu partida inicio.

 

Hoy te nombro raíz y alas. Gracias por tu última lección, por recordarme que la escritura nos elige, y que el dolor, cuando se honra, se transforma en luz.


En cada palabra que nace, estás vos.


Epilogo: Lo que nunca te dije

Es que hay mujeres
que somos como el mar
y que a veces los mares
se alimentan de naufragios
y que a veces el mar ruge
de tanto cansancio

Y que a veces la playa no existe
Mi amor
no existe


María Cristina Siri


Alejandra dice:

 

Hoy te escribo con la voz que me diste.

Con la flama que encendiste.

Con la libertad que sembraste en mí.

 

Cristina responde:

 

Soy el mar que ruge,

la palabra que no se apaga,

el ángel que elegiste en la negritud.

 

Ambas susurran:

 

Somos escritura.

Somos vuelo.

Somos el relámpago que ilumina sin pedir permiso

Uniendo dimensiones invisibles

 

Porque hay vínculos que no mueren,

hay palabras que no se apagan,

y hay maestras que se convierten en constelaciones.

Hasta volvernos a ver, amiga.





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