sábado, 18 de abril de 2026

 



Fragmento VIII – La hospitalidad irlandesa, fuego compartido

 

En Irlanda, la hospitalidad es más que una costumbre:

es un fuego que nunca se apaga.

En cada casa, en cada pueblo,

se abre la puerta al viajero,

se ofrece pan, música y palabra,

como si la amistad fuera un deber sagrado.

 

Ese gesto sencillo es raíz de comunidad:

recordar que nadie está solo,

que la vida se sostiene en la mesa compartida,

en la risa que se ofrece sin pedir nada a cambio,

en la calidez que convierte al extranjero en hermano.

 

Sin duda, este homenaje se une a esa tradición:

porque el pacto amoroso también es hospitalidad,

es abrir el corazón como se abre una puerta,

es ofrecer compañía como se ofrece un fuego en la noche.

 

Así, Irlanda y este manifiesto se encuentran en un mismo gesto:

la certeza de que la fraternidad no se proclama,

se practica, se vive, se comparte.




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