Fragmento VII – Los
guerreros celtas, guardianes de la soberanía
En los campos de Irlanda,
los antiguos guerreros celtas se alzaban con orgullo.
No eran solo combatientes:
eran custodios de la tierra,
guardianes de la soberanía
que defendían con cuerpo y espíritu.
Sus armas brillaban, pero
más fuerte brillaba su convicción:
la certeza de que la isla
debía permanecer libre,
que cada colina, cada río,
cada bosque
era parte de un legado que
no podía ser entregado.
Hoy, su memoria no se
recuerda por la violencia,
sino por la dignidad de
quienes se plantaron firmes,
por la valentía de
resistir sin renunciar a la identidad,
por el eco de su fuerza
que aún late en la cultura irlandesa.
Así, los guerreros celtas
se convierten en ramas del Árbol de la Vida:
no como heraldos de
guerra, sino como guardianes de la soberanía,
como símbolos de un pueblo
que supo defender su raíz
y abrir sus ramas hacia el
futuro.

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