sábado, 25 de abril de 2026

 


“Y en medio del ruido de las armas, nació un silencio distinto: el de quienes se negaron a seguir. Ese silencio, aunque pequeño, fue más fuerte que las órdenes. Porque allí estaba la promesa de que la vida, tarde o temprano, nos volverá a encontrar."


El soldado del umbral

 

En la trinchera, el soldado escuchaba las órdenes como si fueran rugidos de un demonio. “Disparen, avancen, arrasen.” Pero dentro de él había un murmullo distinto: la voz de su madre, el recuerdo de un niño que alguna vez fue, la certeza de que obedecer era traicionar su propia humanidad.

 

El campo estaba lleno de sombras: mutilados, enfermos, psicópatas que se disfrazaban de héroes bajo el escenario bélico. El soldado comprendió que todos eran víctimas, incluso los que creían mandar. Porque la barbarie no distingue entre banderas: arrasa con bebés, con ancianos, con médicos, con soldados.

 

Entonces, en medio del estruendo, el soldado se detuvo. No disparó. Bajó el arma y miró a sus compañeros. Algunos lo siguieron, otros dudaron. Pero en ese gesto mínimo nació la disidencia: la rebelión contra el demonio que los gobernaba.





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