martes, 16 de diciembre de 2025

LA SIRENA DE RIO

 



LA SIRENA DE RIO

 

Hay un barco hundido en el cieno oscuro. Lleva, enterrado en el fondo, varios siglos. Cuando el mar dulce, embravecido lo sacude, emerge de sus cavidades una solitaria sirena. Es tan hermosa en plateada desnudez, que los pocos que la han visto se convencieron luego de que fue un sueño, alucinación o delirio.

 

En su solitario nicho teje una red interminable de hilo de algas, ella existe. El río, al cabo de un año, deshace el trabajo en una tumultuosa tormenta cíclica, durante siglos.

 

La sirena del río teje con paciencia de Penélope mientras el agua lame sus sedosos mechones oscuros. Permite que la marea nocturna la deposite suavemente en la playa y siente; y siente sobre las escamas de su cola, derramarse la plata líquida de la luna. Algunas noches de invierno, en la costa desierta aparece en la orilla.

 

En el instante anterior de la salida del sol se deja arrastrar por las olas para sumergirse en el agua. La huella, impresa en el barro de la playa, denuncia una presencia leve y el viento de la mañana arremolina algunas escamas iridiscentes.

 

El capitán de la flota Don Juan Carlos Bermúdez perdió el rumbo sin remedio por el repentino enamoramiento y locura. Don Juan Carlos, el capitán que tumbado en cubierta buscaba en las estrellas, la figura portentosa que lo encandiló una noche de vigilia. En la hora de su naufragio y de su muerte, la maldijo, haciéndola prisionera eterna en el esqueleto de su navío.

 

El hechizo no se romperá, mientras el nombre del capitán sea pronunciado.

 





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