EL AVE DEL SOLSTICIO
En la noche más breve del año, cuando el sol parece
detenerse en su viaje, desciende un ave de plumaje dorado. No es un pájaro
común: sus alas reflejan constelaciones, y cada pluma guarda un recuerdo
olvidado de la humanidad.
El ave del solsticio no canta, pero al batir sus alas
produce un murmullo semejante al viento que anuncia cambios. Sobrevuela las
ciudades dormidas y deja caer una sola pluma en cada campanario, en cada torre,
en cada árbol solitario.
Quien encuentra esa pluma al amanecer recibe un don:
la capacidad de recordar un sueño antiguo y transformarlo en propósito para el
año que comienza.
Se dice que el ave fue creada por los dioses para
custodiar el equilibrio entre los elementos. Agua y fuego ya tienen guardianes;
ella es la mensajera del aire, la que une lo invisible con lo tangible.
El hechizo no se romperá mientras alguien, en la
víspera de Navidad, mire al cielo y pronuncie en silencio el deseo que más teme
confesar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario