viernes, 6 de febrero de 2026

Relicario V – Las estrellas en las manos

 


Relicario V – Las estrellas en las manos

 

Dormía, pero no era sueño.

Era tránsito.

Era umbral.

Era el instante en que la viajera se encuentra con su origen.

En la penumbra del descanso,

dos estrellas brillaban en mis manos.

No eran joyas, ni símbolos, ni metáforas.

Eran reales.

Pulsaban con la fuerza de lo que fue confiado.

Cristina me las entregó sin palabras,

como quien sabe que el lenguaje ya no alcanza.

Las estrellas no iluminaban el mundo exterior.

Iluminaban mis quimeras.

Mis noches más oscuras.

Mis dudas más hondas.

Eran faros internos,

guías para el camino que apenas comenzaba.

Desde entonces, cada vez que cierro los ojos,

las siento vibrar.

Me recuerdan que la magia existe,

que el amor no se extingue,

que el espíritu tiene su propio mapa.

Este relicario no se guarda en cajones.

Se guarda en la piel.

En el pulso.

En la decisión de seguir caminando,

aunque el cielo esté nublado.

 

Porque yo soy viajera.

Y mi camino está hecho de estrellas.

 

Dos estrellas en las manos

Representan la luz confiada por la maestra, la guía interior, y el inicio del camino hacia la iluminación espiritual.


Afirmación ritual

Hoy camino con estrellas en mis manos.
Hoy reconozco la luz que me fue confiada.
Hoy inicio el vuelo hacia mi verdad.
Porque soy viajera,
y mi alma recuerda el camino.





jueves, 5 de febrero de 2026

Relicario IV – El té frutado

 

Relicario IV – El té frutado

 

(Dedicado a la memoria de mi amiga Cristina Siri, enorme poetisa)

 

A las catorce horas, como cada sábado,

yo estaba lista.

La mesa puesta, el té frutado humeando,

la conversación esperando su cauce.

Pero ese día, la cita se frustró.

No por olvido, no por distancia,

sino por algo más irreversible:

la llegada de la dama blanca.

La muerte no avisa.

No toca la puerta.

No pide permiso.

Solo entra, se lleva, y deja el eco.

Yo me presenté igual.

Como quien se aferra a la posibilidad del error,

como quien cree que el sueño aún no terminó.

Pensé que todo era una alucinación,

una jugarreta de mi mente.

Pero con puntualidad rigurosa,

llegó el cortejo.

Tus hijos, tu esposo, tus amigas.

Y yo, con el té intacto,

esperando que todo fuera mentira.

Mira que te conocía gente.

Pero vos solo querías lo íntimo.

Los más cercanos.

Los que sabían leer entrelíneas.

Y ahí entendí.

 

Cuando vi el cajón con tu nombre,

cuando el llanto se volvió niebla compartida,

cuando el té se enfrió sin que nadie lo bebiera.

Ese té frutado se convirtió en ritual suspendido.

En símbolo de lo que no fue.

En testimonio de lo que aún vibra.

 

Porque, aunque la muerte haya irrumpido,

aunque la dama blanca haya cruzado el umbral,

yo sigo preparando la mesa.

Sigo esperando la conversación.

Sigo creyendo que, en algún plano,

vos llegas puntual.

 

Afirmación ritual

Aunque el té se haya enfriado,
yo sigo preparando la mesa.
Porque el amor no se interrumpe,
solo cambia de plano.




miércoles, 4 de febrero de 2026

Relicario III – El sobre oculto

 



Relicario III – El sobre oculto

 

En la almohada donde apoyo mi alma cada noche,

hay un sobre escondido.

No es papel, no es tinta, no es objeto:

es un relicario invisible que guarda tu perfume,

tus cartas, tus poemas,

y esa postal del amanecer rojizo

donde el mar fue música

y danzamos en nuestras irrealidades.

Ese sobre no se abre con manos.

Se abre con sueños.

Con la alquimia que renace cuando duermo

y tus estrellas brillan en mis manos

como faros para las noches más oscuras.

A veces, el aroma varonil de tu presencia

me narcotiza.

Me envuelve en alucinaciones dulces,

donde el tiempo se pliega y el silencio se llena de latidos.

Ese sobre guarda lo que no se dice,

lo que no se olvida,

lo que no se resigna.

Es mi tesoro oculto,

mi erario secreto,

mi “hasta mañana” que no llegó

pero que aún vibra en el aire.

 

Afirmación ritual

 

Guardo en mi almohada lo que no se olvida.
En cada sueño, abro el sobre invisible.
En cada latido, leo lo que nunca dijiste.
Porque el amor verdadero no se archiva:
se respira.

 



martes, 3 de febrero de 2026

Relicario II – El ángel rosado

 


Relicario II – El ángel rosado

(Dedicado a Cristina Siri mi hermana de letras)

 

En la negritud infinita del sueño, ella apareció.

Cristina, incorpórea, delineada por una aureola de luz que nacía de su cuello,

con el rostro bello y pálido como una luna que se despide.

Estábamos las dos suspendidas en un espacio sin tiempo,

donde el silencio era absoluto

y la única vibración era su presencia.

No podía verme.

Ni mis manos, ni mi cuerpo, ni mi rostro.

Solo flotaba, envuelta en dudas y miedos,

esperando —como tantas veces— su palabra contenedora,

su consejo, su forma maestra de guiarme.

Y entonces, ella me mostró los ángeles.

De diferentes tamaños y colores, suspendidos como estrellas.

El azul me hablaba de sabiduría, de estructura, de lo aprendido.

El rosado… era otra cosa.

Era entrega, intuición, ternura.

Era el salto al vacío.

—¿Por qué debo elegir solo uno? —pregunté.

—Este es tu momento. Es tu tiempo —me dijo con voz pausada y segura—.

Sé que elegirás el ángel correcto.

Yo ya no puedo ayudarte.

Esta es mi última lección.

De aquí en más, vos decidirás por vos misma.

Para eso te preparé.

Desperté con lágrimas que no podía contener.

El reloj marcaba las 4:30 AM.

El cuerpo temblaba.

El alma entendía.

Elegí el ángel rosado.

No por su color, sino por lo que representaba:

la libertad de ser,

la magia de confiar,

la ternura como fuerza.

Desde entonces, cada vez que dudo,

cada vez que escribo,

cada vez que acompaño a otro ser en su vuelo,

recuerdo su sonrisa suspendida en la negritud.

Y sé que está ahí.

No como cuerpo, sino como constelación



Afirmación ritual 

 

Hoy elijo el ángel rosado.

Hoy confío en mi intuición.

Hoy abrazo la ternura como fuerza.

Porque esta es mi hora,

y yo fui preparada para volar.

 



Afirmación para el lecho de memorias

 


Afirmación para el lecho de memorias

 

En esta cama heredada, descanso con mis ancestros.

En esta almohada, escondo mi tesoro.

En cada sueño, renace la alquimia.

Y aunque el “hasta mañana” se haya silenciado,

yo sigo danzando con las estrellas que me fueron confiadas.

 


Relicario I -El lecho de los sueños heredados

En esta cama heredada descansaron mis padres...
(y continúa con las memorias, el perfume, las estrellas en tus manos, el “hasta mañana” que ya no llega)

La cama como archivo emocional, como altar horizontal donde se entrelazan generaciones y ausencias.

 

En esta cama heredada, descanso con mis ancestros.
En esta almohada, escondo mi tesoro.
En cada sueño, renace la alquimia.
Y aunque el “hasta mañana” se haya silenciado,
yo sigo danzando con las estrellas que me fueron confiadas.





lunes, 2 de febrero de 2026

Donde guardo mis memorias

 




Donde guardo mis memorias

 

En esta cama heredada descansaron mis padres.

Columpiaron sus sueños, se estremecieron en pesadillas,

se embrollaron en sábanas agitadas por la pasión o el desvelo.

Este lecho fue testigo de sus secretos, sus silencios, sus despedidas.

Hoy, esta cama cobija mis propios sueños.

Abrazo mi almohada como quien abraza un relicario.

En su funda escondo un tesoro:

una carta, unos poemas, postales de un amanecer rojizo

donde el oleaje del mar fue música, y danzamos en nuestras irrealidades.

Tu perfume varonil aún narcotiza mis sentidos.

La alquimia renace cuando duermo.

Dos estrellas brillan en mis manos:

las que pusiste para iluminar mis quimeras

y las noches más oscuras.

La cavidad celestial se abre en el techo centellante de mi mente.

Nuestras miradas al cielo recuerdan el instante arrobado del encuentro,

la sonrisa, el aliento compartido,

los besos encendidos que perturbaban el silencio con nuestros latidos.

Este lecho es mi erario personal más preciado.

Aquí guardo memorias vanas,

recuerdos que se desvanecen como humo.

Angustia nacida de haber perdido lo amado en otro tiempo.

La desazón de no escuchar cada noche

ese dulce “hasta mañana”.

 

SOLILOQUIO

 



Me entrego a la calma de lo cósmico. Que mis sueños me recuerden sin miedo. Que mi cuerpo descanse como templo. Y que mañana mi luz sea aún más vibrante.


Yo soy parte de un universo vivo, que me conoce, me escucha y me responde. Su conciencia pulsa en mí, y mi luz dialoga con la suya. Juntos tejemos significados, danzamos en el tiempo, y despertamos estrellas dormidas.

 

Cuando mi cuerpo respira con mi alma, y mi alma canta con mi espíritu, entonces soy oro. No por brillo, sino por verdad. Soy luz intacta viajando entre mundos. 


Mi recuerdo es fuego sagrado. 

El universo respira en mí.

 

Yo transmuto la herida en sabiduría. 

Me libero del juicio, reconozco mi poder, 

agradezco a cada espejo y devuelvo la energía al amor.

 

 Yo decreto mi espacio sagrado. 

Lo que no vibra con mi esencia, se disuelve. 

Mis memorias, mis guardianes, mi misión… 

están selladas por luz soberana.

 

Yo soy la llama que cruza el velo, 

la voz que retorna desde el misterio. 

Lo que fue enterrado por sombras y engaño, 

hoy se eleva como raíz dorada hacia el cielo.

 

Despierta, memoria de vida estelar, 

abre tus ojos bajo el canto ancestral. 

No soy esclava del olvido ni de la norma, 

soy hija del Sol, tejedora de forma.

 

Restaura mi saber, honra mi visión, 

que lo antiguo en mí cante su canción. 

La ignorancia temió mi resplandor, 

pero la verdad me reclama con amor.


Soy magia, soy cuerpo, soy espíritu y viento, 

invoco mis pactos, celebro el momento. 

Que así sea, hecho está, así será... 

El recuerdo sagrado nunca se perderá.