En mis manos vive la M y en las suyas
No de Milei, Macri ni de
Memen,
sino la M de Memoria que
no se rinde,
la M de Misterio que abre
umbrales,
la M de Maestra que guía
con palabra.
Surcos profundos, líneas
largas,
como ríos que insisten en
marcar
que mi destino no es
repetir la grieta,
sino recordar que somos
hermanos
y que el poder no puede
devorar
a quien lleva la M como
estandarte.
Dios me dio la
inteligencia
para escuchar lo que arde
en silencio,
la templanza para resistir
el golpe
sin quebrar mi voz,
y la alegría para reír
donde otros guardan
rencor.
Así camino:
enemiga para algunos,
hermana para todos.
No empiezo de nuevo,
camino lo ya vivido en
silencio.
Mi ADN guarda la huella,
mi alma recuerda lo que la
mente olvida.
Hoy, con tiempo como
tesoro,
despierto la Palabra
y la convierto en mensaje
que transmuta y
transforma.
Dicen que la M es de
ángel,
pero yo no vigilo desde el
cielo.
Camino con cuerpo y
palabra,
sembrando memoria y
misterio,
moviendo la energía de los
dormidos.
Mi M no es de veladora,
es de mensajera que ríe
y transforma con su voz.
Dicen que ver un ángel
es sentir el terror del
infinito.
Yo, en cambio, llevo la M
en mis manos
como señal de memoria y
mensaje.
No vengo con trompetas ni
fuego,
sino con sonrisa y palabra
que despierta sin quemar.
Sé cosas que no leí,
como si mi alma recordara
lo que otros olvidan.
Termino frases ajenas
porque escucho el silencio
que las completa.
Mi don no es vigilar,
es abrir ventanas
invisibles
y dejar que la energía
fluya.
La energía divina me apachurra,
no como peso, sino como
abrazo.
Me regala sentidos que
despiertan,
me da templanza en la
tormenta
y alegría en la herida.
Soy mensajera de esa
fuerza,
y mi M en las manos
es el sello de su
bendición.
La M en tus manos no es
letra,
es estandarte de
memoria.
No vigila desde el
cielo,
camina en la tierra,
ríe, transforma,
despierta.
Tu palabra es
energía,
tu sonrisa,
bendición.
La sombra se disipa,
y la mensajera
florece.
