El bostezo del
océano
Dicen que el mar,
cuando se cansa, bosteza. No es un bostezo humano, sino un rugido profundo que
se convierte en ola. Con cada golpe contra las piedras, las va orando, las
pule, las transforma. Es un escultor invisible, un Miguel Ángel de agua y
tiempo.
Las piedras, que
parecen eternas, reciben su forma en silencio. Y en las noches, cuando los faros
iluminan la costa, los hombres les dan nombres: “La Virgen”, “El León”, “El
Guardián”. No saben que esas figuras son obra del océano, que en su bostezo
lento va creando arte.
El mar es tan
antiguo e inmemorial que no necesita prisa. Su furia destruye, pero su calma
esculpe. Y así, entre rugidos y silencios, nos recuerda que la belleza puede
nacer incluso del desgaste.
