El Árbol
de las Madres
En un valle
silencioso, las madres que habían perdido a sus hijos se reunían bajo un árbol
sin frutos. Allí lloraban juntas, y sus lágrimas caían como lluvia sobre las
raíces.
El árbol, al
recibir tanto dolor, comenzó a florecer con flores blancas. Cada pétalo era
memoria, cada flor un consuelo invisible.
Pronto
llegaron otros angustiados: el que había perdido su casa, el que había perdido
su salud, el que había perdido su amor. Al ver las flores, comprendieron que,
si esas madres podían transformar su desgarro en luz, ellos también podían
atravesar su propia angustia.
El árbol se
convirtió en puente: del dolor extremo brotaba resiliencia, y del llanto
compartido nacía sanación.
Moraleja: Quien llora bajo el Árbol de las
Madres descubre que la angustia no es prisión, sino camino hacia la fortaleza.
