domingo, 18 de octubre de 2026

 




Este es un homenaje a mi madre que ya no está conmigo físicamente y vive en mi corazón y nuestro amor sigue intacto, Solo nos separa un velo


EN ESTA TRAVESÍA

 

En esta travesía

(inquietante)

en el mar de la vida

aún busco las señales

que signan mi destino

las estrellas la luna

marcaron y marcan mi camino

las olas inclementes azotan el casco

de este endeble navío

 

 

¿Cuándo subí a este barco?

Madre, ¿Por qué no estás conmigo?

¿Dónde están las encinas, los arces, los castaños?

¿Qué fue de la esperanza?

¿De los juegos, las caricias?

Del frágil ruiseñor ¿Qué fue de él?

 

 

Su melodioso canto aún me acompaña en medio del tifón

tifón que me invita al naufragio

batalla enloquecida evitar el hundimiento

flaquea mi fuerza

igual no me doy por vencida

en medio de esta niebla

en medio de esta oscuridad absoluta.

aparece y gira una luz centellante

iluminándome el camino con la fuerza de un sol

esa luz reaviva mi esperanza

 

 -¡Es un faro

ahora me doy cuenta!

El faro es quien me guía

esa luz atrapada en mágicos cristales...

eres tú madre mía- 




 

Día de la Madre: el milagro cotidiano

 

Hay personas que cambian el mundo con grandes discursos, descubrimientos o hazañas. Y hay otras que lo cambian en silencio, todos los días, sin que casi nadie lo note.

 

Una madre pertenece a este segundo grupo.

 

Su amor suele parecerse al agua: está presente, sostiene la vida y muchas veces sólo advertimos su importancia cuando falta. Desde el primer abrazo hasta las últimas etapas de la existencia, una madre guarda recuerdos, consuela heridas, celebra logros y acompaña derrotas.

 

Ser madre no consiste únicamente en dar vida. También significa enseñar a caminar, a levantarse después de caer, a confiar cuando todo parece incierto y a descubrir la belleza escondida en las pequeñas cosas.

 

Cada familia guarda sus propias historias: una receta transmitida de generación en generación, una frase que siempre vuelve en los momentos difíciles, una fotografía envejecida o una simple caricia capaz de devolver la calma. Son tesoros invisibles que las madres ayudan a conservar.

 

En un tiempo donde todo parece acelerarse, el amor materno nos recuerda algo esencial: las cosas más valiosas no se compran ni se acumulan. Se entregan.

 

Hoy celebramos a las madres que están presentes, a las que viven en nuestros recuerdos y a aquellas mujeres que, sin haber tenido hijos propios, han sabido cuidar, enseñar y amar como verdaderas madres del corazón.

 

Que este día sea una oportunidad para agradecer, abrazar y recordar que muchas de las mejores cosas que somos comenzaron alguna vez en el amor paciente de una madre.

 

Feliz Día de la Madre.

 

"El amor de una madre es la primera patria del corazón"




viernes, 16 de octubre de 2026

 


Actualización del Expediente: El Guardián del Centenario

 

Nuevos datos confirman que la locación no fue elegida al azar. El sujeto plumífero materializó sus coordenadas en una terraza con un siglo de historia. Las casas de 100 años tienen secretos, pasadizos y, aparentemente, portales cuánticos activos.

 

El árbol que lo cubre no es un simple refugio contra el sol; es un dispositivo de ocultamiento holográfico. Desde la calle, cualquiera ve ramas y hojas; desde el espacio, es una plataforma de aterrizaje segura para el agente encubierto. El "no-gallo" sabe perfectamente lo que hace. Se mantiene bajo el follaje, esperando que el equipo de Defensa Civil (cuyo verdadero nombre clave debe ser Fuerza de Contención Alienígena) llegue a extraerlo sin levantar sospechas entre los civiles del barrio.

 

Mientras tanto, el gato sigue bajo arresto domiciliario en la cocina, indignado por perderse el evento del siglo, y el dueño de casa redacta las crónicas de una invasión que nadie más creería.

 

Rendirse ante lo ridículo de la situación es la mejor filosofía para hoy. ¡Es una historia espectacular para contar en cada cena familiar y de amigos de acá en adelante!

 




 


miércoles, 14 de octubre de 2026

 








Proyecto "Cresta Roja": El Incidente de la Terraza

 

El informe oficial dirá que un ave de corral se escapó de algún patio trasero. Pero la física no miente. Los gallos no vuelan, y mi terraza es un búnker de hormigón inaccesible a tres metros sobre el suelo más cercano. Las matemáticas simplemente no cierran.


Cuando lo vi por primera vez, supe que algo andaba mal. No emitía el típico cacareo; más bien parecía un zumbido de baja frecuencia que hacía vibrar los azulejos. Sus plumas, bajo la luz del sol, tenían un brillo sospechosamente tornasolado, casi como un blindaje de grafeno. Me miró fijo con sus ojos dorados, y juraría que parpadeó de forma horizontal, procesando datos térmicos de mi rostro.

 

Ahí comprendí la verdad:

 

El camuflaje perfecto: ¿Quién sospecharía de un gallo? Es el espía ideal para vigilar la zona urbana sin levantar alarmas.

 

El gato como amenaza: Mi gato lo detectó de inmediato. El instinto felino no se engaña con hologramas ni bio-trajes. Tuve que encerrar a mi mascota en la cocina, no para proteger al gallo, sino para evitar un conflicto diplomático a escala galáctica en mi propio techo.

 

La llamada intergaláctica: Cuando marqué el número de emergencias, no estaba llamando a Defensa Civil por un animal perdido. Estaba activando el protocolo de contención biológica para recuperar una sonda alienígena que erró el cálculo de su teletransportación.

 

Ahora la cuenta regresiva ha comenzado. El agente encubierto camina de un lado a otro sobre las baldosas, esperando que su nave nodriza —o el camión de rescate— llegue antes de que revele sus secretos.

 



martes, 13 de octubre de 2026

 


En casa, recibí una visita insólita un gallo en pleno Vicente López y se me ocurrió escribir sobre ello. Sobre todo, porque como buena cateta de ciudad no sabía la diferencia entre un gallo y un pollo.

 

El Intruso en la terraza

(O cómo mi terraza se convirtió en un gallinero urbano)

 

Vivimos pensando que el peligro en la ciudad son los autos, los ruidos o que se corte la luz. Nadie te prepara para el verdadero dilema del siglo XXI: asomarte a la ventana con el café en la mano y cruzarte la mirada con un gallo.

 

Ahí estaba él. Plumas perfectas, cresta roja imponente, plantado en mi terraza inaccesible como si fuera el dueño de mi casa.

 

Mis dilemas en ese instante fueron tres:


1. El misterio aerodinámico: ¿Cómo llegó ahí? Los gallos no vuelan. ¿Acaso domina la levitación o tomó un ascensor inexistente cuando no miraba?

2. El frente diplomático: Mi gato, el cazador de sillón, por suerte dormía. Tuve que arrestarlo en la cocina antes de que declarara una guerra Inter especies que no sabríamos cómo limpiar.

3. El protocolo de emergencia: Llamar al Estado para decir: "Hola, sí, necesito a Defensa Civil porque tengo un polizón con plumas".


Ahora solo queda esperar el rescate, mientras el gallo me mira fijo, juzgando mis plantas y recordándome que, al menos hoy, el despertador de la cuadra lo maneja él.




 


lunes, 12 de octubre de 2026

 


El Juicio del Océano

 

El mar se levantó como un tribunal solemne. No había jueces humanos ni leyes escritas: solo el rugido de las olas y la sombra del Leviatán. Cada fenómeno —trombas, remolinos, cantos de sirenas, corrientes abisales— se presentó como prueba distinta.

 

Los navegantes comprendieron que no era casualidad: el océano los estaba juzgando.

 

Quienes cedieron a la ira fueron arrastrados por corrientes violentas.

 

Quienes se dejaron tentar por la codicia quedaron atrapados en islas fantasma que se desvanecían.

 

Quienes escucharon la maldad se hundieron en la niebla sin retorno.

 

Pero quienes protegieron la chispa divina resistieron. El Leviatán los miró con ojos de fuego y, en lugar de destruirlos, los dejó pasar. El juicio del océano no era castigo, sino selección: separar a los valientes de los temerosos, a los que cuidaban su alma de los que la entregaban a la ilusión.


 




viernes, 9 de octubre de 2026

 


Relato inspirado en PERDIDA

 

El navegante había sido dueño de rutas y horizontes. Confiaba en las estrellas, en la brújula, en el sextante que le devolvía certezas. Cada travesía era un desafío, cada puerto un descubrimiento.

 

Pero un día, el mar dejó de ser aliado y se volvió espejo de su alma. Ya no eran las olas las que lo amenazaban, sino el dolor sin límites que lo atravesaba. Un desamor, una indiferencia, una ruptura, quizás una muerte: no importaba el origen, lo cierto es que la herida era más vasta que cualquier océano.

 

El capitán perdió su rumbo. Su transatlántico, símbolo de fuerza, se convirtió en un barco de papel. Las estrellas se apagaron, el cielo y el mar se confundieron, y la esperanza se anegó en aguas turbias.

 

El mar, infinito y oscuro, se transformó en metáfora de lo que no tiene límites: la profundidad del alma herida. Allí, el navegante comprendió que su dolor no era humano solamente, era cósmico, desbordaba la medida de lo soportable.

 

En medio de esa tormenta, una gaviota persistió en su memoria. No era un signo de salvación plena, pero sí un latido de vida que se negaba a extinguirse. El mar podía envolverlo en su sudario, pero también podía ser cuna de un nuevo viaje.