Los Hipocampos y el Buque del Presagio
En la calma previa al juicio, el buque navegaba sobre aguas tranquilas. De pronto, el mar se iluminó con destellos plateados: eran los Hipocampos, caballos del océano que galopaban sobre las olas.
No eran enemigos, sino heraldos. Sus crines brillaban como estrellas, y cada relincho era un presagio. Los hombres sintieron inquietud: sabían que los Hipocampos no aparecían en vano.
Ellos guiaban hacia el tribunal del océano, donde el Leviatán se revelaría como juez supremo. El buque avanzó, y los marineros comprendieron que estaban entrando en un territorio sagrado, donde cada emoción, cada mentira, cada traición sería puesta a prueba.
El Leviatán
aguardaba, y los Hipocampos eran los mensajeros de su inminente aparición.
