miércoles, 14 de octubre de 2026

 








Proyecto "Cresta Roja": El Incidente de la Terraza

 

El informe oficial dirá que un ave de corral se escapó de algún patio trasero. Pero la física no miente. Los gallos no vuelan, y mi terraza es un búnker de hormigón inaccesible a tres metros sobre el suelo más cercano. Las matemáticas simplemente no cierran.


Cuando lo vi por primera vez, supe que algo andaba mal. No emitía el típico cacareo; más bien parecía un zumbido de baja frecuencia que hacía vibrar los azulejos. Sus plumas, bajo la luz del sol, tenían un brillo sospechosamente tornasolado, casi como un blindaje de grafeno. Me miró fijo con sus ojos dorados, y juraría que parpadeó de forma horizontal, procesando datos térmicos de mi rostro.

 

Ahí comprendí la verdad:

 

El camuflaje perfecto: ¿Quién sospecharía de un gallo? Es el espía ideal para vigilar la zona urbana sin levantar alarmas.

 

El gato como amenaza: Mi gato lo detectó de inmediato. El instinto felino no se engaña con hologramas ni bio-trajes. Tuve que encerrar a mi mascota en la cocina, no para proteger al gallo, sino para evitar un conflicto diplomático a escala galáctica en mi propio techo.

 

La llamada intergaláctica: Cuando marqué el número de emergencias, no estaba llamando a Defensa Civil por un animal perdido. Estaba activando el protocolo de contención biológica para recuperar una sonda alienígena que erró el cálculo de su teletransportación.

 

Ahora la cuenta regresiva ha comenzado. El agente encubierto camina de un lado a otro sobre las baldosas, esperando que su nave nodriza —o el camión de rescate— llegue antes de que revele sus secretos.

 



martes, 13 de octubre de 2026

 


En casa, recibí una visita insólita un gallo en pleno Vicente López y se me ocurrió escribir sobre ello. Sobre todo, porque como buena cateta de ciudad no sabía la diferencia entre un gallo y un pollo.

 

El Intruso en la terraza

(O cómo mi terraza se convirtió en un gallinero urbano)

 

Vivimos pensando que el peligro en la ciudad son los autos, los ruidos o que se corte la luz. Nadie te prepara para el verdadero dilema del siglo XXI: asomarte a la ventana con el café en la mano y cruzarte la mirada con un gallo.

 

Ahí estaba él. Plumas perfectas, cresta roja imponente, plantado en mi terraza inaccesible como si fuera el dueño de mi casa.

 

Mis dilemas en ese instante fueron tres:


1. El misterio aerodinámico: ¿Cómo llegó ahí? Los gallos no vuelan. ¿Acaso domina la levitación o tomó un ascensor inexistente cuando no miraba?

2. El frente diplomático: Mi gato, el cazador de sillón, por suerte dormía. Tuve que arrestarlo en la cocina antes de que declarara una guerra Inter especies que no sabríamos cómo limpiar.

3. El protocolo de emergencia: Llamar al Estado para decir: "Hola, sí, necesito a Defensa Civil porque tengo un polizón con plumas".


Ahora solo queda esperar el rescate, mientras el gallo me mira fijo, juzgando mis plantas y recordándome que, al menos hoy, el despertador de la cuadra lo maneja él.




 


lunes, 12 de octubre de 2026

 


El Juicio del Océano

 

El mar se levantó como un tribunal solemne. No había jueces humanos ni leyes escritas: solo el rugido de las olas y la sombra del Leviatán. Cada fenómeno —trombas, remolinos, cantos de sirenas, corrientes abisales— se presentó como prueba distinta.

 

Los navegantes comprendieron que no era casualidad: el océano los estaba juzgando.

 

Quienes cedieron a la ira fueron arrastrados por corrientes violentas.

 

Quienes se dejaron tentar por la codicia quedaron atrapados en islas fantasma que se desvanecían.

 

Quienes escucharon la maldad se hundieron en la niebla sin retorno.

 

Pero quienes protegieron la chispa divina resistieron. El Leviatán los miró con ojos de fuego y, en lugar de destruirlos, los dejó pasar. El juicio del océano no era castigo, sino selección: separar a los valientes de los temerosos, a los que cuidaban su alma de los que la entregaban a la ilusión.


 




viernes, 9 de octubre de 2026

 


Relato inspirado en PERDIDA

 

El navegante había sido dueño de rutas y horizontes. Confiaba en las estrellas, en la brújula, en el sextante que le devolvía certezas. Cada travesía era un desafío, cada puerto un descubrimiento.

 

Pero un día, el mar dejó de ser aliado y se volvió espejo de su alma. Ya no eran las olas las que lo amenazaban, sino el dolor sin límites que lo atravesaba. Un desamor, una indiferencia, una ruptura, quizás una muerte: no importaba el origen, lo cierto es que la herida era más vasta que cualquier océano.

 

El capitán perdió su rumbo. Su transatlántico, símbolo de fuerza, se convirtió en un barco de papel. Las estrellas se apagaron, el cielo y el mar se confundieron, y la esperanza se anegó en aguas turbias.

 

El mar, infinito y oscuro, se transformó en metáfora de lo que no tiene límites: la profundidad del alma herida. Allí, el navegante comprendió que su dolor no era humano solamente, era cósmico, desbordaba la medida de lo soportable.

 

En medio de esa tormenta, una gaviota persistió en su memoria. No era un signo de salvación plena, pero sí un latido de vida que se negaba a extinguirse. El mar podía envolverlo en su sudario, pero también podía ser cuna de un nuevo viaje.

 



miércoles, 7 de octubre de 2026


 

PERDIDA


Busco una luz en medio de la tormenta, 

y aunque las olas golpean mi navío, 

descubro que aún late una chispa en el horizonte, 

un faro lejano que no se apaga. 

 

He perdido el rumbo, sí, 

pero el viento todavía canta en mis velas, 

y la corriente, aunque amarga, 

me recuerda que sigo en movimiento. 

 

No soy más el capitán orgulloso, 

mi transatlántico se volvió frágil papel, 

pero incluso un barco de papel flota 

sí confía en la calma del agua. 

 

Las estrellas que olvidé regresan poco a poco, 

la polar me guiña desde lo alto, 

y la gaviota que late en mi memoria 

ya no es sombra: es vuelo persistente. 

 

Deseo que las aguas me curen, 

que limpien las heridas del naufragio, 

y que el mar, en vez de sudario, 

sea cuna de un nuevo viaje. 

 

Porque, aunque sigo perdida, 

sé que en esta profundidad interminable 

también habita la promesa 

de volver a encontrar la orilla.

 

 



jueves, 1 de octubre de 2026

 




Las Nereidas de Lola Mora

 

En las profundidades del mar, las Nereidas danzan. Hijas de Nereo y Doris, cincuenta voces líquidas que evocan frescura, gracia y protección. Ellas acompañan a los navegantes, calman las tormentas, y en su canto se escucha la armonía de la naturaleza. Son espíritus serenos, pero también fuertes: cuando el mar se enfurece, ellas desatan su poder.

 

En la tierra, a comienzos del siglo XX, una mujer desafió a su época: Lola Mora. En un mundo donde las escultoras eran casi inexistentes, ella tomó el mármol de Carrara y lo convirtió en océano. Su obra, la Fuente de las Nereidas, inaugurada en 1903, mostraba a Venus emergiendo del mar, asistida por ninfas y tritones. Era un canto a la belleza, al amor, a la fuerza femenina.

 

Pero los prejuicios se alzaron como muros:

 

La acusaron de indecencia por mostrar desnudos clásicos.

La criticaron por ser mujer en un oficio reservado a hombres.

La marginaron, trasladando su fuente lejos del centro de Buenos Aires.

 

Aun así, Lola Mora se convirtió en una Nereida moderna: como las ninfas que protegen a los navegantes, ella protegió la libertad creativa. Su escultura fue un acto de rebeldía contra la censura, un oleaje de mármol que rompió las cadenas del prejuicio.

 

Las Nereidas del mito y las Nereidas de la piedra se funden en un mismo relato: guardianas del mar y guardianas del arte. Ellas evocan frescura y armonía; ella, con cincel y fuego interior, evocó la fuerza de la mujer creadora.

 

Reflexión

 

Las Nereidas como símbolos eternos del mar, y Lola Mora como símbolo histórico de resistencia y talento. Ambas muestran que la belleza y la fuerza femenina pueden desafiar tormentas y prejuicios.




viernes, 25 de septiembre de 2026

 


  NABEIRUS

 

"Naberius, alias Cerberus, es un marqués valiente, que se muestra en la forma de un cuervo, cuando él habla con su voz estridente: hace al hombre gentil y astuto en todas las artes, especialmente en retórica. Procura la pérdida de los orgullos y dignidades: noventa legiones le escuchan y obedecen"

 

 

Viniste a mí disfrazado de cordero;

predicando el evangelio,

hablaste del amor al prójimo,

de servirlo como a ti mismo,

hablaste de tu fe,

viniste con tribulación,

hablando de sufrimiento,

de misericordia y sacrificio,

de conmiseración.

 

Viniste vestido de cordero;

creí que tu palabra era sincera,

pero bajo tu disfraz el mal;

el mal enmascarado de proverbios

hablaste de la vida,

de tu boca de serpiente,

sólo he recogido amenazas y mentiras.

 

Viniste a mí disfrazado de cordero;

tu única intención el sojuzgarme,

de coaccionarme con tu ciencia,

y una creencia que no tienes,     

finalmente tras tu enojo apareciste,

como un chacal enfurecido.

 

Viniste vestido de cordero;

pero en ti reside sólo odio y rabia.

Me mansillas con oprobios;

con tu lengua afilada como espada,

con tus actos contundentes,

con una crueldad inusitada.

 

Viniste a mí disfrazado de cordero.

Si he pecado sea el cielo quien me juzgue;

la justicia no viene de manos del humano.

y menos del falso profeta.

 

Glorificado sea Dios testigo omnipresente,

de cada acto de la vida.

 

Nabeirus eres astuto y gentil;

tricéfalo perro cancerbero.

Cuervo elocuente y afable;

abominación demonizada,

puedes engañar a los humanos.

 

Pero no a Él;

el castigo viene de su mano,

de Él la palabra sanadora,

será Él quien te devuelva al infierno,

quien te haga padecer tu propia averno...