sábado, 7 de marzo de 2026

 


Pitia

 

La voz del oráculo

Soy la voz del oráculo.

Portadora del mensaje divino.

Rayos rojos, azules, amarillos

descienden sobre mi cuerpo consagrado.

Amor y destrucción pronuncian mis labios.

En mis pies, las vasijas antiguas.

En mi pecho, los huesos de la ofrenda.

Me visto de lino para el oficio.

 

El oráculo habla a través de mí:

 

Hay en el arcano precepto

un frescor venturoso

que preludia la orgía de la serpiente.

Tétrico placer en la ribera.

El epitafio negro del peñasco

es la voluntad de la esfera.

La medida del círculo.

El curso del cielo.

 

La bruma peregrina frente al mar

fecunda los surcos con polen y nácar.

Tierras fértiles se anuncian.

El ocaso se deshoja con grave deleite.

¿Dónde se dibuja tu sonrisa

si el astro despiadado te vuelve roca?

Radiante árbol turquesa,

sonajas de hojarasca,

tertulia de luna nueva.

La lechuza reposa en su rama frágil.

 

El universo, herido de saber,

libera la voz del proverbio.

Ansío el signo de la belladona

oculto en las arenas del santuario.

 

Me preparo ante el cáliz consagrado.

Se abren los portales del designio.

Mis lágrimas transmutan en gemas.

Soy lo arcaico.

Soy la resurrección.

Soy la virgen y el holocausto.

No camino por los abismos del miedo.

Soy la protegida de los dioses.

 

He renunciado al amor del hombre.

Sonrío y lloro.

Mil veces quise herir la daga de la nigreda.

Mil veces me negué a morir.

 

Soy la voz temblorosa del incierto.

Traspaso los límites del Olimpo.

Soy sombra de antaño.

Soy inmortal en mi sombra.




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