EL GUARDIÁN DE LA TIERRA
En el silencio de los campos, cuando el año agoniza y
la primera semilla del nuevo ciclo aún no ha sido sembrada, despierta un ser
antiguo. No tiene rostro humano ni alas ni escamas: su cuerpo es de raíces,
cortezas y piedras.
El guardián de la tierra emerge en las madrugadas de
diciembre, caminando con pasos lentos que hacen temblar el suelo. Allí donde se
detiene, brota un pequeño brote verde, incluso en pleno invierno.
Su misión es custodiar la memoria de lo que se ha
sembrado y lo que se ha perdido. Cada raíz que arrastra lleva consigo los
nombres de quienes ya no están, y cada piedra que carga guarda el eco de las
promesas incumplidas.
Se dice que fue condenado a vagar por los campos
porque en tiempos remotos olvidó devolver al suelo una ofrenda sagrada. Desde
entonces, cada fin de año recorre la tierra para recordar a los hombres que
todo lo que nace debe volver al origen.
El hechizo no se romperá mientras alguien, en la víspera
de Reyes, plante una semilla y pronuncie en silencio el nombre de aquello que
desea que perdure.

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