El Encuentro con Nabeirus
En un puerto remoto, los marineros
escucharon a un predicador vestido de blanco. Sus palabras eran dulces, hablaba
de amor y misericordia. Pero pronto, su voz se volvió estridente, como graznido
de cuervo.
Los hombres vieron que bajo el disfraz
había un monstruo tricéfalo, cancerbero del engaño. Era Nabeirus, el falso
profeta.
El Leviatán, desde las aguas, no
intervino: dejó que los hombres eligieran si seguir la ilusión o resistirla.
Así comprendieron que las pruebas no
solo estaban en el mar, sino también en la tierra, y que el juicio sería total:
cuerpo, alma y palabra.

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