El retroceso y traición en Argentina
En la plaza, los
trabajadores recordaban a los mártires de Chicago.
Sus voces eran eco de un
siglo de lucha:
“¡Ocho horas para el
trabajo, ocho para el descanso, ocho para la vida!”
Pero en los despachos, los
mercaderes del poder escribían otra historia.
Una ley regresiva,
disfrazada de modernidad, que arrancaba derechos como quien arranca páginas de
un libro.
Los obreros miraban con
rabia:
¿cómo podían borrar lo
conquistado con sangre?
¿cómo podían traicionar la
memoria de los que dieron su vida?
El silencio era cómplice.
El retroceso avanzaba como
sombra.
Pero en cada esquina,
alguien murmuraba:
“Nada fue regalado,
todo se ganó con lucha.
Y si quieren
arrebatarnos, volveremos a luchar.”
