miércoles, 2 de septiembre de 2026

 


El bostezo del océano

 

Dicen que el mar, cuando se cansa, bosteza. No es un bostezo humano, sino un rugido profundo que se convierte en ola. Con cada golpe contra las piedras, las va orando, las pule, las transforma. Es un escultor invisible, un Miguel Ángel de agua y tiempo.

 

Las piedras, que parecen eternas, reciben su forma en silencio. Y en las noches, cuando los faros iluminan la costa, los hombres les dan nombres: “La Virgen”, “El León”, “El Guardián”. No saben que esas figuras son obra del océano, que en su bostezo lento va creando arte.

 

El mar es tan antiguo e inmemorial que no necesita prisa. Su furia destruye, pero su calma esculpe. Y así, entre rugidos y silencios, nos recuerda que la belleza puede nacer incluso del desgaste.






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