Cien años de sombra
Sudán nació libre bajo el
sol, pero pronto llegaron banderas extranjeras.
Los mercaderes de Europa
arrancaron oro y diamantes,
dejando hambre en los
campos y cadenas invisibles en los cuerpos.
Cuando la independencia
llegó, no trajo paz:
el norte y el sur se
enfrentaron,
Darfur se convirtió en un
desierto de sangre,
y los niños crecieron sin
escuela, sin juego, sin futuro.
Hoy, otra guerra arrasa
aldeas y ciudades.
Los desplazados son
millones, los muertos incontables, y el mundo calla, como si fueran ciudadanos
de segunda.
Pero en cada noche, junto
al fuego, una voz se levanta y dice:
“Nuestra sangre es la
misma que la de todos.
No somos invisibles,
somos humanidad.”

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