domingo, 8 de marzo de 2026

 


Soy la infalible voz del oráculo.

La Escuela de la Pitia

 

No hay una Pitia, sino una serie infinita de Pitias que se suceden como los instantes de un sueño que no cesa.”

 

En la isla de Delos, donde el mármol se confunde con la sal y el tiempo con la eternidad, existió una escuela que no figura en los registros de los hombres. La dirigía una mujer sin edad, llamada Pitia, aunque ese nombre era más título que nombre, más designio que identidad. Se decía que hablaba con la voz del oráculo, pero no era ella quien hablaba: era el oráculo quien la usaba.

 

Las discípulas eran vírgenes, no por mandato sino por destino. No sabían del amor humano, pero conocían el temblor de los astros, el lenguaje de las piedras, el murmullo de los huesos. Aprendían a leer los signos en la bruma, a descifrar el círculo, a pronunciar palabras que no tenían traducción.

 

Una de ellas, la menor, se llamaba Eurídice. No era la más sabia, pero sí la más temerosa. Temía que el oráculo la eligiera, temía que no la eligiera. En las noches, soñaba con serpientes que le dictaban versos en lenguas muertas. En los días, recogía conchas que usaba como amuletos contra el designio.

 

La escuela no tenía muros. Era un santuario invisible, sostenido por la memoria de las que sabían. Cada enseñanza era un rito. Cada error, una ofrenda. Cada lágrima, una gema. Las discípulas no hablaban entre ellas, pero se entendían. Se comunicaban por gestos, por silencios, por el modo en que colocaban las vasijas frente al altar.

 

Una tarde sin fecha, la Pitia anunció que el oráculo había hablado. No usó palabras. Se vistió de rojo, caminó hacia el peñasco, y dejó caer una piedra en el agua. Las discípulas entendieron. Eurídice lloró. No por miedo, sino por reconocimiento.

 

El oráculo había elegido.

La elegida debía renunciar a su nombre.

Debía aprender a morir sin morir.

Debía convertirse en sombra inmortal.

 

Eurídice aceptó.

Desde entonces, la escuela siguió sin muros, sin registros, sin tiempo.

Pero en ciertas noches, cuando la luna es nueva y el mar calla,

una voz temblorosa se escucha entre las rocas.

No es humana.

No es divina.

Es la voz del incierto.

Es la voz de la Pitia.




"Delos o Delo​​ es una de las islas griegas más pequeñas. Pertenece al archipiélago de las islas Cícladas, en el mar Egeo.​Administrativamente pertenece a la unidad periférica de Miconos, periferia de Egeo Meridional.​" 


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