Soy la infalible voz del oráculo.
La Escuela
de la Pitia
No hay una Pitia, sino una serie infinita de Pitias
que se suceden como los instantes de un sueño que no cesa.”
En la isla de
Delos, donde el mármol se confunde con la sal y el tiempo con la eternidad,
existió una escuela que no figura en los registros de los hombres. La dirigía
una mujer sin edad, llamada Pitia, aunque ese nombre era más título que nombre,
más designio que identidad. Se decía que hablaba con la voz del oráculo, pero
no era ella quien hablaba: era el oráculo quien la usaba.
Las discípulas
eran vírgenes, no por mandato sino por destino. No sabían del amor humano, pero
conocían el temblor de los astros, el lenguaje de las piedras, el murmullo de
los huesos. Aprendían a leer los signos en la bruma, a descifrar el círculo, a
pronunciar palabras que no tenían traducción.
Una de ellas,
la menor, se llamaba Eurídice. No era la más sabia, pero sí la más temerosa.
Temía que el oráculo la eligiera, temía que no la eligiera. En las noches,
soñaba con serpientes que le dictaban versos en lenguas muertas. En los días,
recogía conchas que usaba como amuletos contra el designio.
La escuela no
tenía muros. Era un santuario invisible, sostenido por la memoria de las que
sabían. Cada enseñanza era un rito. Cada error, una ofrenda. Cada lágrima, una
gema. Las discípulas no hablaban entre ellas, pero se entendían. Se comunicaban
por gestos, por silencios, por el modo en que colocaban las vasijas frente al
altar.
Una tarde sin
fecha, la Pitia anunció que el oráculo había hablado. No usó palabras. Se
vistió de rojo, caminó hacia el peñasco, y dejó caer una piedra en el agua. Las
discípulas entendieron. Eurídice lloró. No por miedo, sino por reconocimiento.
El oráculo
había elegido.
La elegida
debía renunciar a su nombre.
Debía aprender
a morir sin morir.
Debía
convertirse en sombra inmortal.
Eurídice
aceptó.
Desde entonces,
la escuela siguió sin muros, sin registros, sin tiempo.
Pero en ciertas
noches, cuando la luna es nueva y el mar calla,
una voz
temblorosa se escucha entre las rocas.
No es humana.
No es divina.
Es la voz del
incierto.
Es la voz de la
Pitia.
"Delos o Delo
es una de las islas griegas más pequeñas. Pertenece al archipiélago de las
islas Cícladas, en el mar Egeo.Administrativamente pertenece a la unidad
periférica de Miconos, periferia de Egeo Meridional."

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