viernes, 28 de agosto de 2026

 

La venganza del océano

 

El mar soportó siglos de heridas: redes que lo desgarraban, explosiones que lo perforaban, bombas que caían como insultos sobre su piel azul. Al principio calló, porque su silencio es más profundo que cualquier palabra.

 

Pero llegó un día en que se cansó.

 

Entonces levantó su furia. Las olas crecieron como montañas, los maremotos arrasaron costas, los tsunamis devoraron ciudades enteras. Barcos orgullosos fueron tragados sin distinción, porque la naturaleza no mide la bondad ni la maldad: sólo muestra que ante su poder no hay humanos que puedan enfrentarlo.

 

Los sobrevivientes comprendieron que el mar no castiga por odio, sino por equilibrio. Cada ola que destruye es también una advertencia: la depredación tiene un límite, y cuando se lo cruza, el océano reclama lo suyo.

 



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