La venganza del
océano
El mar soportó
siglos de heridas: redes que lo desgarraban, explosiones que lo perforaban, bombas
que caían como insultos sobre su piel azul. Al principio calló, porque su
silencio es más profundo que cualquier palabra.
Pero llegó un día
en que se cansó.
Entonces levantó
su furia. Las olas crecieron como montañas, los maremotos arrasaron costas, los
tsunamis devoraron ciudades enteras. Barcos orgullosos fueron tragados sin
distinción, porque la naturaleza no mide la bondad ni la maldad: sólo muestra
que ante su poder no hay humanos que puedan enfrentarlo.
Los sobrevivientes
comprendieron que el mar no castiga por odio, sino por equilibrio. Cada ola que
destruye es también una advertencia: la depredación tiene un límite, y cuando
se lo cruza, el océano reclama lo suyo.

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