jueves, 27 de agosto de 2026

 


El Dios del océano

 

El mar no es sólo agua. Es un Dios antiguo, hecho de abismos y corrientes, que guarda en su seno a criaturas invisibles. Tortugas que recuerdan los siglos, ballenas que cantan himnos sagrados, delfines que llevan mensajes de alegría, y anfibios semejantes al hombre que habitan ciudades de cristal.


Este Dios protege a sus hijos con un silencio insondable. Pero la mano del hombre, que no respeta lo que desconoce, perfora el fondo, lanza bombas, hiere lo sagrado. Creen que el océano es vacío, cuando en realidad es un templo.

 

Dicen que cada explosión despierta la ira del mar. No porque quiera vengarse, sino porque su dolor es demasiado grande. Y en ese dolor, las criaturas ocultas se revelan: sirenas que lloran, tritones que levantan sus brazos, neptunos que claman justicia.

 

El hombre ignora que bajo las aguas hay vidas más espirituales que las suyas. El Dios del océano las protege, y cada ola que golpea la costa es un recordatorio: no somos dueños del mar, somos apenas huéspedes en su orilla.




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