PERDIDA
Busco una luz en medio de
la tormenta,
y aunque las olas golpean
mi navío,
descubro que aún late una
chispa en el horizonte,
un faro lejano que no se
apaga.
He perdido el rumbo,
sí,
pero el viento todavía
canta en mis velas,
y la corriente, aunque
amarga,
me recuerda que sigo en
movimiento.
No soy más el capitán
orgulloso,
mi transatlántico se
volvió frágil papel,
pero incluso un barco de
papel flota
sí confía en la calma del
agua.
Las estrellas que olvidé
regresan poco a poco,
la polar me guiña desde lo
alto,
y la gaviota que late en
mi memoria
ya no es sombra: es vuelo
persistente.
Deseo que las aguas me
curen,
que limpien las heridas
del naufragio,
y que el mar, en vez de
sudario,
sea cuna de un nuevo
viaje.
Porque, aunque sigo
perdida,
sé que en esta profundidad
interminable
también habita la
promesa
de volver a encontrar la
orilla.



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