jueves, 30 de julio de 2026

 


Interludio: La Escalera de Fuego y el Umbral de Luz

 

La hoguera crepitaba en el centro del círculo. Sus llamas comenzaron a elevarse, no como fuego común, sino como peldaños incandescentes que se abrían hacia lo alto. Cada chispa era un escalón, cada brasa un símbolo.

 

El Profeta Radical gritó:

—¡Subid por la escalera! Pero no miréis atrás, porque abajo solo hay sombras y engaños. El basurero de Sofía espera a quienes se pierden en falsas luces.

La Buscadora Integradora avanzó despacio, tocando cada peldaño con reverencia:

—Cada escalón guarda memoria de las voces que escuché. No las rechazo, las reconozco. Algunas me acompañan, otras se disuelven en el aire. Mi verdad no necesita condenar la del otro.

 

El Escéptico dudó en el primer peldaño:

—¿Y si esta escalera no lleva a ninguna parte? ¿Y si el umbral es solo humo?

 

El Místico sonrió:

—Toda escalera es símbolo. El ascenso no es físico, es interior. El umbral no es puerta, es revelación.

 

El Curioso preguntó:

—¿Qué hallaremos al final?

 

Entonces la hoguera se transformó en un arco de luz. El último peldaño se abrió como umbral, y detrás no había condena ni juicio, sino claridad. La Aurora Crística se desplegó como un amanecer sin sol, iluminando cada rostro.

 

No anulaba las diferencias, las abrazaba, mostrando que cada vereda, cada duda, cada símbolo, era parte de la misma ascensión.

 

El concilio comprendió que la escalera no era para huir de las sombras, sino para integrarlas en la luz. Y que el umbral no era frontera, sino encuentro.

 


 



No hay comentarios:

Publicar un comentario