El bosque de los pactos
invisibles
No hay carteles. No hay
caminos marcados. Pero el alma sabe. Cuando entra en este bosque, algo vibra.
Algo reconoce. Algo recuerda sin palabras. Porque aquí no se camina con los
pies: se camina con la intuición. Y cada encuentro es un pacto que ya estaba
escrito.
Hay pactos de consuelo, de
aprendizaje, de espejo, de desafío. Hay pactos que duran una mirada, otros que
atraviesan vidas. Hay pactos que duelen, pero despiertan. Hay pactos que sanan
sin tocar. Ninguno es casual. Ninguno es castigo. Todos son elección.
En este bosque, el alma se
cruza con otras que le muestran lo que aún no ve. Que le recuerdan lo que
olvidó. Que le enseñan lo que vino a aprender. A veces, el pacto es dulce. A
veces, es feroz. Pero siempre es sagrado.
No todos lo reconocen.
Algunos pasan de largo. Otros se aferran sin entender. Otros huyen del temblor.
Pero quien escucha la vibración, quien acepta el misterio, quien honra el
vínculo sin querer poseerlo… esa alma despierta.
Porque en el bosque de los
pactos invisibles, no se trata de entender. Se trata de sentir. De agradecer.
De elegir otra vez.

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