La leyenda de
las olas y la tormenta
Dicen los
pescadores que una vez el mar se enamoró. No de una mujer ni de una isla, sino
de una tormenta. Ella llegaba con relámpagos y truenos, con un poder que
iluminaba la noche como si el cielo ardiera. El mar, fascinado, levantaba olas
cada vez más altas para alcanzarla.
La tormenta
danzaba sobre él, libre, indómita, y el mar se volvió loco de deseo. Quiso
retenerla, quiso que su luz fuera suya. Entonces abrió su cieno más profundo y
la tragó, guardando en sus entrañas la electricidad y el fuego.
Desde aquel día,
las olas llevan en su espuma un destello extraño, como si cada una guardara un
relámpago escondido. Los pescadores dicen que es la memoria de aquella unión
imposible: el mar que quiso amar a la tormenta y la encerró en su abismo.
Por eso, cuando
las olas golpean con furia y parecen brillar en la noche, se recuerda la
leyenda: el mar nunca olvida a la tormenta que lo hizo temblar de amor.

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