La revelación de
las ciudades de cristal
Durante siglos,
las ciudades de cristal permanecieron ocultas en lo más profundo del océano.
Allí vivían las tortugas sabias, los salmones viajeros, las ballenas guardianas
de la música, los delfines mensajeros de la alegría, los pulpos arquitectos de
los secretos, y los anfibios semejantes al hombre: sirenas, tritones, neptunos.
Nunca buscaron molestar a nadie; su mundo era armonía y silencio.
Pero la mano del
hombre, que invade lo que no conoce, perforó el mar con máquinas y rompió la
calma con explosiones. El movimiento de las placas marinas, alterado por esa
violencia, abrió grietas en el fondo. Y entonces, por primera vez, los seres
del océano fueron vistos.
No salieron por
voluntad propia, sino porque la quietud que los protegía había sido quebrada.
Los pescadores que los vieron quedaron mudos: ciudades enteras brillaban bajo
el agua, y criaturas increíbles nadaban entre torres de cristal.
El mar, herido,
mostró su secreto. Y los hombres comprendieron demasiado tarde que habían
despertado a un pueblo que nunca quiso ser descubierto.

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