sábado, 4 de abril de 2026



El Relato del Viernes y el Sábado


“Fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos.” Credo de los Apóstoles

 

El viernes, el Galileo fue alzado en la cruz. El cielo se oscureció, la tierra tembló, las piedras de dos en dos unas con otras se partieron y el velo del templo se rasgó de arriba abajo. Setenta y dos mil ángeles aguardaban, listos para rescatarlo, pero Él no pidió ayuda. Su voluntad fue más fuerte que el dolor, su entrega más grande que el cielo. Se inmoló por la humanidad, aceptando un padecimiento que ningún hombre podría soportar.

 

Mientras los discípulos lloraban y la ciudad se recogía en silencio, el sábado comenzó. Muchos pensaron que era un día vacío, pero en lo profundo del Sheol había movimiento. Los justos aguardaban desde siglos, comunicándose en calma, separados de los perdidos por un abismo sin fin. No sabían del padecimiento del Galileo, ni de la cruz que había soportado con entereza inquebrantable.

 

De pronto, una grieta se abrió en el inframundo. La sangre del Cordero había tocado ese reino, y el poder del infierno comenzó a desmoronarse. Satanás perdió las llaves que guardaba con orgullo, y las cadenas que aprisionaban a las almas se quebraron.

 

El Rey de reyes apareció entre ellos. Su mirada era fuego y ternura, y su voz resonó como un río que atraviesa la roca. Habló con todos: con los justos que esperaban la promesa, y con los otros que habían quedado en la penumbra. Nadie quedó sin escuchar.

 

Los justos se levantaron, asombrados, y comprendieron que la espera había terminado. La calma se transformó en júbilo. Ascendieron con Él hacia los cielos, liberados, mientras el abismo quedaba atrás. El infierno perdió su dominio, la muerte quedó sin poder, y el velo del templo —que antes separaba lo humano de lo divino— quedó abierto para todos.

 

Así, el viernes y el sábado se unieron en una misma épica: el dolor y la victoria, la entrega y la liberación, la cruz y el descenso. Y en esa unión, la promesa de la vida eterna que sigue viva en cada corazón que lo contempla.

 





5 comentarios:

  1. Hermoso relato Ale. Me hiciste emocionar hasta las lágrimas. Excelente tu descripción de lo sucedido para todos los creyentes en Jesús. Te felicito. Amén.

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    1. Gracias, Maru, Asi lo visualice y debo confesar que también lloré y mi fe se reforzo y es una semilla que amaria semvar en todos los corazones. El nos sana y purifica

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  2. Hermoso tu relato me hiciste emocionar hasta las lágrimas. Para todos los creyentes en Jesucristo. Amén

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  3. Que linda la devolucion y para los creyentes el maestro es lo mas. Un beso amiga

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  4. Ale sos lo más. Te admiro. Tenes el arte de expresarte com la palabra. Te quiero

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