El niño y la pregunta
El niño miraba los muros
caídos, los juguetes cubiertos de polvo, la mesa rota donde antes se servía la
sopa caliente.
Se acercó a su madre y,
con los ojos grandes, preguntó:
—¿Qué es esto que todo lo
rompe y destruye?
La madre lo abrazó fuerte,
como si quisiera que sus brazos fueran murallas.
No supo qué responder.
Solo dijo:
—Es algo que los grandes
inventaron, pero que los pequeños no debemos aceptar.
El niño pensó que si los
grandes inventaban cosas que rompían, entonces él inventaría cosas que unieran.
Y en su cuaderno dibujó
casas con ventanas abiertas, árboles que crecían en medio de las plazas, manos
que se daban sin miedo.
Ese dibujo se convirtió en
su respuesta: un toque de queda contra la guerra, un llamado a la rebelión de
la ternura.

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