La Hidra de Lerna y la Fragata de la
Cólera
La fragata avanzaba con viento en contra, y los hombres discutían entre sí. Cada palabra era un golpe, cada insulto una herida.
La cólera se multiplicaba como cabezas invisibles. Entonces, el mar se abrió y emergió la Hidra de Lerna: un cuerpo monstruoso, con cabezas que se regeneraban al ser cortadas.
Los marineros intentaron luchar, pero cada golpe hacía crecer nuevas fauces. Comprendieron que la Hidra no era un enemigo externo, sino el reflejo de su propia furia.
El Leviatán observaba desde las profundidades, sin intervenir. Sabía que la cólera nunca se vence con violencia: solo con la luz interior que apaga el fuego del odio.
La
fragata quedó marcada por cicatrices, y los hombres aprendieron que la verdadera
batalla era contra sí mismos.

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