Prólogo –
Invitación al Misterio del Mar
Los relatos
anteriores nos mostraron lo humano y lo palpable: risas en la cubierta, vasos
que tintinean, trombas que sorprenden a los ojos. Eran escenas terrenales,
nacidas del polvo y del agua, como nosotros mismos.
Pero ahora
entramos en otro mundo. Un mundo tan profundo como el océano, donde cada ola es
símbolo, cada criatura es misterio, y cada remolino es un umbral. Aquí no basta
la mirada cotidiana: se necesita esperanza, fe y la certeza de que todo
nacimiento es también un secreto divino.
El Leviatán, criatura aterradora, será nuestro compañero
en este viaje. No como enemigo, sino como sombra que nos recuerda que el caos
existe, y que solo atravesándolo podemos descubrir lo sagrado.
Este apéndice no
es solo colección de relatos: es una invitación a entrar en el mar como quien
entra en un templo. A mirar lo indomable y comprender que detrás del miedo hay
un mensaje oculto.
Apartado
bíblico de este prólogo-¿Quién es el Leviatán?
Versículos bíblicos
Job 41:1: “¿Sacarás tú al Leviatán con el anzuelo, o
con la cuerda que le echares en su lengua?”
Salmos 104:26: “Allí andan navíos; allí este Leviatán que
hiciste para que jugase en ella.”
Isaías 27:1: “En aquel día Jehová visitará con su espada
dura, grande y fuerte, sobre Leviatán, serpiente rolliza, y sobre Leviatán
serpiente retuerta; y matará al dragón que está en la mar.”
Reflexión
Este apartado
bíblico funciona como puerta de entrada: el lector comprende que los relatos no
son solo invención poética, sino que dialogan con una tradición milenaria. El
Leviatán, criatura aterradora, se convierte en símbolo de lo indomable y lo
eterno, y al citarlo en la Escritura, el apéndice gana profundidad y
legitimidad espiritual.
La audacia está en
unir lo visible con lo invisible: lo que el lector puede reconocer en su vida
diaria y lo que lo sobrepasa, como el océano mismo. Así, cada relato se
convierte en un acto de fe y esperanza, un testimonio de que el misterio no se
agota y que la fuerza del Creador se manifiesta tanto en lo simple como en lo
sublime.

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