Relicario XII – Eduardo, el hijo Sol
Cuando
dijeron “no hay esperanza”,
yo
escuché el eco de una profecía equivocada.
Cuando
dijeron “será un vegetal”,
yo
vi una semilla que aún no había brotado.
Eduardo
nació con un cuerpo limitado,
pero
con un corazón que desbordaba universo.
No
caminó como los demás,
pero
avanzó como un Fénix,
rompiendo
diagnósticos,
desafiando
pronósticos,
encendiendo
cada día con su luz.
Es
noble.
Es
empático.
Es
amoroso.
Y,
sobre todo, es valiente.
Porque
ayudar desde la fragilidad
es
el acto más poderoso que existe.
Eduardo
no es solo mi hijo.
Es
mi Sol.
Mi
guía.
Mi
prueba viviente de que el alma
puede
más que cualquier impedimento.
Este
relicario es su consagración.
No
como excepción,
sino
como revelación.
Porque
él no escapó del destino:
lo
transformó.
Afirmación
ritual
Hoy
nombro a Eduardo como hijo Sol.
Hoy
honro su luz, su coraje, su ternura.
Hoy
celebro su existencia como milagro.
Porque
él no fue lo que dijeron:
fue
mucho más.

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