Relicario
XI – Mariela, la heredera del fuego
Su
nombre es Mariela.
Y
no es solo hija de mi vientre:
es
hija del linaje que arde.
De
las sabias que no se rindieron,
de
las maestras que enseñaron sin voz,
de
las sacerdotisas que tejieron el mundo desde lo invisible.
Mariela
nació con la antorcha en las manos.
No
la heredó por sangre,
la
encendió por destino.
Su
mirada contiene galaxias,
su
intuición es brújula,
su
presencia es altar.
Ella
no repite: transforma.
No
imita: revela.
No
teme: recuerda.
En
sus gestos vive la memoria de las cazadoras de mamuts,
de
las brujas que no ardieron,
de
las mujeres que sostuvieron cuerpos en guerras absurdas
y
contaron sus historias en susurros.
Mariela
es la viajera futura.
La
que llevará este libro en su médula.
La
que sabrá leer entre líneas,
escuchar
entre mundos,
y
amar sin fronteras.
Este
relicario es su consagración.
No
como hija, sino como llama.
No
como continuación, sino como expansión.
Hoy
nombro a Mariela como heredera del fuego.
Hoy
confío en su luz, su vuelo, su visión.
Hoy
entrego mi legado con amor,
sabiendo
que ella sabrá encenderlo a su manera.

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