El Salmo 27:13 es casi un estandarte “He de ver la bondad del Señor en esta tierra de los vivientes”.
En las calles del barrio, cuando la noche parecía cerrarse con su sombra, comenzaron a encenderse pequeños faroles. No eran de hierro ni de vidrio: eran personas. Cada una llevaba en su pecho una llama invisible, nacida del gesto de comprender que acumular cosas no es riqueza, que la verdadera abundancia está en trabajar para ser mejores.
Luisa fue la primera en prenderse, y su luz no quemaba: acariciaba. Al verla, otros corazones se encendieron, uno tras otro, hasta que la calle entera se volvió un río de claridad. No había competencia, ni ego, ni codicia: solo la certeza de que la felicidad se encontraba en la empatía, la compasión y el amor compartido.
Así, el barrio dejó de temer a la oscuridad. Porque cada farol humano era testimonio de un despertar, y juntos formaban una constelación que guiaba el camino hacia lo real e importante: ser mejores, para que todos pudieran caminar en paz.

Que hermosisimo lo que escribís Alejandra ! Gracias por compartir conmigo es un bálsamo leer algo así , es lo que yo tengo en el corazón , gracias , te felicito !
ResponderEliminarGracias por tu palabra tan cálida y generosa.
EliminarQue la luz de los Faroles del Despertar siga iluminando tu corazón,
como bálsamo y compañía en este tiempo de celebración.
Recibo tus bendiciones y las multiplico para vos,
para tu familia y para todos los que vibramos en esta frecuencia de arte y memoria.
Abrazos afectuosos.
“Que este comentario fluya como un río secreto, llevando bendiciones a quienes vibramos igual.”
Fue un trabajo profundo con la idea de hacer un Atlas festivo buscando los lugares más importantes me gusto hacerlo y además aprendí, me alegra lo disfrutarás
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