El profeta del futuro
sin temblor
(Inspirado en Klaus
Schwab)
El profeta del futuro no
tenía corazón. Tenía gráficos. Tenía escenarios. Tenía simulaciones. Decía que
el mundo debía reiniciarse. Que el pasado era un error. Que el alma era un
obstáculo. Que la libertad debía ser rediseñada.
El profeta hablaba en
Davos, rodeado de banqueros, algoritmos y ministros sin temblor. Prometía
eficiencia. Prometía sostenibilidad. Prometía control. Pero nunca prometía
ternura.
Diseñó un mundo sin
abrazos. Sin barrio. Sin caos. Un mundo donde cada gesto debía ser medido, cada
emoción registrada, cada deseo domesticado.
Pero en un rincón del
planeta, una mujer encendió una vela. No tenía datos. No tenía poder. No tenía permiso.
Solo tenía memoria. Y un hijo que aún soñaba.
El profeta lo vio. No
entendió. No pudo predecirlo. No pudo reiniciarlo. No pudo programarlo.
Y por primera vez, el
futuro tembló.

No hay comentarios:
Publicar un comentario