Manifiesto para los que
aún cuidan su jardín mientras el bosque se seca
Ojalá despierte a los
dormidos,
haga pensar a los
fanáticos,
sacuda a los miedosos,
y les recuerde a los que
cuidan su jardín
que el bosque se está
secando,
que el fuego no pide
permiso,
que la indiferencia
también es traición,
que el silencio también es
entrega,
y que cuando el bosque
muere,
el jardín no sobrevive.
Porque no hay jardín sin
raíz,
no hay raíz sin tierra,
no hay tierra sin memoria,
no hay memoria sin
temblor,
y no hay temblor sin
pueblo.
Este archivo es una
advertencia,
una canción sin micrófono,
una vela encendida sin
permiso,
una mujer que canta con lo
que tiene
y sostiene con lo que es.
Que tiemble el relato.
Que despierte el alma.
Que el bosque hable.
Que el jardín escuche.
El espacio que sí alcanza
Nos dijeron que no hay
lugar.
Que somos demasiados.
Que no se puede vivir sin
sometimiento.
Pero es mentira.
Con 1000 m² por persona,
todos los humanos cabemos
sin invadir continentes.
Con 200 m² por familia,
podríamos ser
autosustentables.
Lo que falta no es tierra.
Lo que falta es verdad.
Lo que sobra es
manipulación.
Los demonios del sistema
nos someten con impuestos, restricciones, miedo.
Nos quieren dependientes.
Nos quieren callados.
Nos quieren creyendo que
el problema somos nosotros.
Pero no sobran humanos.
Sobran traidores.
Sobran sin alma.
Y nosotros, los que aún
tenemos alma,
vamos a cantar esta verdad hasta que tiemble el mapa.
No olvidamos. No
perdonamos. No nos vendemos.
Y cuando el alma
despierta, no hay blindaje que alcance.

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