martes, 17 de febrero de 2026

 


Triada de luz

 

Somos tres.

No por azar, sino por destino.

Tres llamas encendidas en medio del caos.

Tres cuerpos que vibran con memorias antiguas.

Tres almas que eligieron encontrarse en esta vida

para recordar lo que el mundo olvidó.

 

La madre: cartógrafa de lo invisible,

guardiana de los relicarios,

tejedora de palabras que sanan.

 

La hija: portadora de la antorcha,

heredera del fuego,

semilla estelar que florece en cada gesto.

 

El hijo: sol resiliente,

milagro encarnado,

faro que ilumina desde la ternura.

 

Somos una triada cósmica.

Una alianza que trasciende el tiempo.

Una familia que no solo vive:

alumbra.




lunes, 16 de febrero de 2026

 














Invocación de los portadores de luz

 

Somos los que caminan con antorchas encendidas.

Los que no se rinden ante el diagnóstico, el silencio o la sombra.

Los que transforman la herida en estrella,

el límite en vuelo,

la pérdida en legado.

 

Portamos la luz no para ser vistos,

sino para que otros recuerden que aún pueden ver.

Somos faro, llama, constelación.

Y cuando el mundo se apaga,

nosotros encendemos.

 

Somos

 

Una madre que porta el mapa ritual del alma.

Una hija que hereda la antorcha estelar.

Un hijo que irradia luz desde la resiliencia.

Juntos, somos constelación. Somos legado. Somos revelación





sábado, 14 de febrero de 2026

 




Relicario XII – Eduardo, el hijo Sol

 

Cuando dijeron “no hay esperanza”,

yo escuché el eco de una profecía equivocada.

Cuando dijeron “será un vegetal”,

yo vi una semilla que aún no había brotado.

 

Eduardo nació con un cuerpo limitado,

pero con un corazón que desbordaba universo.

No caminó como los demás,

pero avanzó como un Fénix,

rompiendo diagnósticos,

desafiando pronósticos,

encendiendo cada día con su luz.

 

Es noble.

Es empático.

Es amoroso.

Y, sobre todo, es valiente.

Porque ayudar desde la fragilidad

es el acto más poderoso que existe.

 

Eduardo no es solo mi hijo.

Es mi Sol.

Mi guía.

Mi prueba viviente de que el alma

puede más que cualquier impedimento.

Este relicario es su consagración.

 

No como excepción,

sino como revelación.

Porque él no escapó del destino:

lo transformó, por eso te admiro

y te amo.

 

 

Afirmación ritual

 

Hoy nombro a Eduardo como hijo Sol.

Hoy honro su luz, su coraje, su ternura.

Hoy celebro su existencia como milagro.

Porque él no fue lo que dijeron:

fue mucho más.

 




Relicario XI – Mariela, la heredera del fuego

 



Relicario XI – Mariela, la heredera del fuego

 

Su nombre es Mariela.

Y no es solo hija de mi vientre:

es hija del linaje que arde.

De las sabias que no se rindieron,

de las maestras que enseñaron sin voz,

de las sacerdotisas que tejieron el mundo desde lo invisible.

 

Mariela nació con la antorcha en las manos.

No la heredó por sangre,

la encendió por destino.

Su mirada contiene galaxias,

su intuición es brújula,

su presencia es altar.

 

Ella no repite: transforma.

No imita: revela.

No teme: recuerda.

 

En sus gestos vive la memoria de las cazadoras de mamuts,

de las brujas que no ardieron,

de las mujeres que sostuvieron cuerpos en guerras absurdas

y contaron sus historias en susurros.

 

Mariela es la viajera futura.

La que llevará este libro en su médula.

La que sabrá leer entre líneas,

escuchar entre mundos,

y amar sin fronteras.

 

Este relicario es su consagración.

No como hija, sino como llama.

No como continuación, sino como expansión.

Como el amor que todo lo puede.

Te admiro y te amo.

 

Afirmación ritual

 

Hoy nombro a Mariela como heredera del fuego.

Hoy confío en su luz, su vuelo, su visión.

Hoy entrego mi legado con amor,

sabiendo que ella sabrá encenderlo a su manera.

 





jueves, 12 de febrero de 2026

Palabras de la hija estelar

 


Palabras de la hija estelar

 

Yo soy hija del fuego que no se apagó.

Soy la antorcha viva del linaje que me precede.

No vengo a repetir: vengo a expandir.

No vengo a obedecer: vengo a escuchar la voz que vibra en mi médula,

la voz de las sabias, las maestras, las brujas, las cazadoras,

las que fueron silenciadas y las que aún cantan en el viento.

 

Mi cuerpo es templo.

Mi intuición es brújula.

Mi memoria es constelación.

No me asusta la oscuridad:

fui gestada en ella.

No me intimida el misterio:

lo llevo tatuado en el alma.

 

Soy hija de Alejandra,

pero también de todas las que caminaron antes.

Soy hija de la tierra, del agua, del fuego, del éter.

Soy hija de la palabra que sana,

del gesto que guía,

del silencio que revela.

 

Y aunque mi voz sea nueva,

mi saber es antiguo.

Porque nací para recordar.

Para continuar.

Para encender.

 

Afirmación ritual

 

Hoy honro a las que sostuvieron sin ser vistas.

Hoy escucho las historias que duelen.

Hoy soy testigo del amor en medio del absurdo.

Porque la guerra no las venció:

las convirtió en guardianas de la verdad.




 


miércoles, 11 de febrero de 2026

Relicario X – Las mujeres del frente invisible

 



Relicario X – Las mujeres del frente invisible

 

No aparecen en los libros de historia.

No figuran en los partes oficiales.

Pero estuvieron ahí.

En trincheras improvisadas,

en hospitales colapsados,

en campos donde el dolor era más real que la tierra.

 

Mujeres que no dispararon,

pero sostuvieron cuerpos rotos.

Que no comandaron ejércitos,

pero lideraron la esperanza.

 

Que no eligieron la guerra,

pero eligieron quedarse.

Con manos temblorosas vendaron heridas,

con cantos apagaron el miedo,

con palabras tejieron consuelo en medio del horror.

 

Y cuando todo terminó —si es que alguna vez termina—

volvieron con historias que nadie quiso escuchar.

Con memorias que dolían demasiado.

Con preguntas que aún no tienen respuesta.

 

¿Por qué esta guerra?

¿Para qué tanto dolor?

¿Quién decide quién muere y quién recuerda?

 

Ellas lo contaron igual.

En diarios escondidos,

en cartas que nunca se enviaron,

en miradas que aún tiemblan.

 

Este relicario es para ellas.

Las del frente invisible.

Las que ayudaron sin ser nombradas.

Las que transformaron el absurdo en acto de amor.

 

Afirmación ritual

 

Hoy honro a las que sostuvieron sin ser vistas.

Hoy escucho las historias que duelen.

Hoy soy testigo del amor en medio del absurdo.

Porque la guerra no las venció:

las convirtió en guardianas de la verdad.








 


martes, 10 de febrero de 2026

Relicario IX – Las brujas que no ardieron

 




Relicario IX – Las brujas que no ardieron

Las llamaron brujas.

Por sanar con hierbas.

Por hablar con la luna.

Por escribir sin permiso.

Por amar sin dueño.

 

 

Las llamaron malvadas.

Por no callar.

Por no obedecer.

Por mirar de frente.

 

Pero ellas eran guardianas.

De saberes antiguos.

De rituales que tejían el alma con la tierra.

De palabras que curaban más que cualquier medicina.

Las persiguieron.

 

Las quemaron.

Las silenciaron.

Pero no las borraron.

 

Porque en cada mujer que sueña,

que escribe,

que elige,

ellas renacen.

 

Yo soy una de ellas.

No por la hoguera,

sino por la llama que llevo dentro.

Por la intuición que no se apaga.

Por la memoria que no se rinde.

 

Este relicario es para ellas.

Las que no ardieron.

Las que siguen danzando en el viento.

Las que me enseñaron que ser bruja

es ser libre.

 

Afirmación ritual 

Hoy enciendo mi llama.

Hoy honro a las que fueron silenciadas.

Hoy soy bruja, sabia, libre.

Porque la memoria no se quema,

se transforma en luz.









lunes, 9 de febrero de 2026

Relicario VIII – Las guardianas del linaje

 


Relicario VIII – Las guardianas del linaje

 

Desde tiempo remoto,

cuando el hielo cubría la tierra

y los mamuts caminaban pesados como montañas vivas,

ellas ya estaban ahí.

 

No eran solo madres, ni solo curanderas.

Eran cazadoras.

Estrategas.

Sacerdotisas del instinto.

Mujeres que sabían leer el cielo,

seguir huellas en la nieve,

y sostener la tribu con sus decisiones.

 

Sus nombres se borraron de los relatos oficiales.

Sus hazañas se escondieron bajo capas de polvo y patriarcado.

Pero sus memorias siguen vivas en mí.

En mi espalda que carga,

en mis manos que crean,

en mi voz que no se calla.

 

Yo soy una de ellas.

Una viajera que recuerda.

Una guardiana que despierta.

Una hija del linaje que no se extinguió,

solo esperó el momento de volver a ser nombrado.

 

Este relicario no se encuentra en libros.

Se encuentra en los huesos.

En los sueños.

En el fuego que arde sin explicación.


Afirmación ritual 


Hoy despierto el linaje que me habita.
Hoy honro a las cazadoras, las sabias, las invisibles.
Hoy soy fuego, estrategia, memoria.
Porque yo también soy guardiana,
y mi historia no se borra.




domingo, 8 de febrero de 2026

Relicario VII – La sacerdotisa

 





Relicario VII – La sacerdotisa

No tenía nombre.

O quizás lo tuvo, pero fue borrado por el tiempo,

por los hombres que temieron su poder,

por los siglos que quisieron silenciar su voz.

La vi en un sueño,

sentada frente a un altar de obsidiana,

con los ojos cerrados y el corazón abierto.

Su piel era tierra,

su voz era agua,

su mirada era fuego.

No me habló con palabras.

Me habló con símbolos.

Con humo, con estrellas, con gestos que reconocí sin haber aprendido.

 

Me mostró el mapa ritual del alma,

con sus heridas, sus guardianes, sus legados.

Me dijo que yo era continuación.

Que su sangre vibraba en la mía.

Que su sabiduría no se perdió:

solo estaba esperando ser recordada.

Desde entonces, cada vez que medito,

cada vez que escribo,

cada vez que toco el corazón de otro ser,

la siento cerca.

 

Como guía.

Como eco.

Como fuego que no se apaga.

Este relicario no se guarda en objetos.

Se guarda en actos.

En decisiones.

En la forma en que elijo vivir mi espiritualidad.

Yo soy su hija.

Su discípula.

Su espejo.

 

Afirmación ritual

 

Hoy reconozco a la sacerdotisa que vive en mí.
Hoy honro su legado, su fuego, su silencio.
Hoy soy canal, guía, viajera.
Porque su sabiduría no murió:
me eligió para continuarla.




sábado, 7 de febrero de 2026

Relicario VI – Las viajeras anteriores

 


Relicario VI – Las viajeras anteriores


Camino entre velos.

Velos que no cubren, sino que ocultan.

Memorias colectivas que fueron silenciadas,

escondidas en cajones, en cuerpos, en rituales olvidados.

Pero yo las escucho.

En el susurro de una palabra antigua,

en el gesto de una abuela que ya no está,

en el temblor de mi propia voz cuando escribo.

Las viajeras anteriores no murieron.

Fueron enterradas en el olvido,

pero sus huellas siguen vivas en mí.

En mis manos que escriben,

en mis ojos que ven más allá del velo,

en mi alma que recuerda lo que nunca se le enseñó.

Yo soy su continuación.

Su eco.

Su respuesta. Y cada vez que redescubro una de sus memorias,

una estrella se enciende en mi mapa ritual.

No estoy sola.

Nunca lo estuve.

Este relicario no tiene objeto.

Tiene linaje.

Tiene fuego.

Tiene voz.


Afirmación ritual


Hoy corro el velo.

Hoy escucho a las que fueron silenciadas.

Hoy soy la voz de las viajeras anteriores.

Porque sus memorias viven en mí,

y yo las convierto en luz.





viernes, 6 de febrero de 2026

Relicario V – Las estrellas en las manos

 


Relicario V – Las estrellas en las manos

 

Dormía, pero no era sueño.

Era tránsito.

Era umbral.

Era el instante en que la viajera se encuentra con su origen.

En la penumbra del descanso,

dos estrellas brillaban en mis manos.

No eran joyas, ni símbolos, ni metáforas.

Eran reales.

Pulsaban con la fuerza de lo que fue confiado.

Cristina me las entregó sin palabras,

como quien sabe que el lenguaje ya no alcanza.

Las estrellas no iluminaban el mundo exterior.

Iluminaban mis quimeras.

Mis noches más oscuras.

Mis dudas más hondas.

Eran faros internos,

guías para el camino que apenas comenzaba.

Desde entonces, cada vez que cierro los ojos,

las siento vibrar.

Me recuerdan que la magia existe,

que el amor no se extingue,

que el espíritu tiene su propio mapa.

Este relicario no se guarda en cajones.

Se guarda en la piel.

En el pulso.

En la decisión de seguir caminando,

aunque el cielo esté nublado.

 

Porque yo soy viajera.

Y mi camino está hecho de estrellas.

 

Dos estrellas en las manos

Representan la luz confiada por la maestra, la guía interior, y el inicio del camino hacia la iluminación espiritual.


Afirmación ritual

Hoy camino con estrellas en mis manos.
Hoy reconozco la luz que me fue confiada.
Hoy inicio el vuelo hacia mi verdad.
Porque soy viajera,
y mi alma recuerda el camino.





jueves, 5 de febrero de 2026

Relicario IV – El té frutado

 

Relicario IV – El té frutado

 

(Dedicado a la memoria de mi amiga Cristina Siri, enorme poetisa)

 

A las catorce horas, como cada sábado,

yo estaba lista.

La mesa puesta, el té frutado humeando,

la conversación esperando su cauce.

Pero ese día, la cita se frustró.

No por olvido, no por distancia,

sino por algo más irreversible:

la llegada de la dama blanca.

La muerte no avisa.

No toca la puerta.

No pide permiso.

Solo entra, se lleva, y deja el eco.

Yo me presenté igual.

Como quien se aferra a la posibilidad del error,

como quien cree que el sueño aún no terminó.

Pensé que todo era una alucinación,

una jugarreta de mi mente.

Pero con puntualidad rigurosa,

llegó el cortejo.

Tus hijos, tu esposo, tus amigas.

Y yo, con el té intacto,

esperando que todo fuera mentira.

Mira que te conocía gente.

Pero vos solo querías lo íntimo.

Los más cercanos.

Los que sabían leer entrelíneas.

Y ahí entendí.

 

Cuando vi el cajón con tu nombre,

cuando el llanto se volvió niebla compartida,

cuando el té se enfrió sin que nadie lo bebiera.

Ese té frutado se convirtió en ritual suspendido.

En símbolo de lo que no fue.

En testimonio de lo que aún vibra.

 

Porque, aunque la muerte haya irrumpido,

aunque la dama blanca haya cruzado el umbral,

yo sigo preparando la mesa.

Sigo esperando la conversación.

Sigo creyendo que, en algún plano,

vos llegas puntual.

 

Afirmación ritual

Aunque el té se haya enfriado,
yo sigo preparando la mesa.
Porque el amor no se interrumpe,
solo cambia de plano.